REVISTA SHUKRAN

martes, 28 de febrero de 2012

VOLVER A CASA

Ayer estuvimos en una tele local para hablar del Sahara.
 El presentador me preguntó que sentí la primera vez que viajé. La respuesta tenía que ser inmediata por lo tanto contesté lo primero que se me vino a la mente: ¿Y tu qué demonios haces aquí? La segunda sensación fue una indignación enorme por el silencio informativo que propicia el olvido que es casi como una muerte pequeña. Después la impresión de que las cosas son mucho peores cuando los visitantes nos vamos.
También me preguntó qué debemos llevar en la mochila. En el equipaje físico lo que queramos, en el emocional no dar nada por sentado. Tocar de pies en el suelo y no cuestionar actitudes ni decisiones en voz alta. No vamos allí a salvarles de nada ni a visitar un parque temático. Vamos a ver lo que hay y a explicarlo.
Sólo tenemos la palabra para romper un muro casi infranqueable de silencio.
Después vendrá el regreso a nuestra vida diaria. Nuestra gente, nuestras casas, nuestras costumbres o nuestra pequeña opulencia. Puede que vuelvas y sigas siendo el mismo o puede que la experiencia te cambie tanto que nadie te reconozca.
Yo opté por una lucha desigual, mi única arma es la palabra. Palabras que rompen silencios, fotos que muestran una realidad que existe aunque nadie quiera verla.
Una compañera explicó que ella lo que más recuerda de su primer viaje es que era de noche cerrada sin luna, noche gélida donde las haya, mucho miedo ante lo desconocido, viajeros hacinados en un autobús astroso sin cristales en las ventanillas.
Sensaciones diferentes que convergían en un mismo deseo: hablar y hablar hasta quedarse afónico. Hablar aunque sea siempre repitiendo lo mismo: están allí, los saharauis existen. Ya no es aquella niña que te ha alegrado el verano ni el niño travieso que recibes en tu casa durante dos meses, son todos: pequeños, jóvenes y viejos, hombres y mujeres amables o antipáticos, irónicos o sencillos.
Se descuadran las agendas, los planes se alteran, los coches no se ponen en marcha, las rutinas se trastocan, el tiempo no es oro sino arena. El viento te encierra en la jaimas y sólo tienes la compañía y la conversación. En algún momento echarás de menos la posibilidad de estar a solas unos minutos, o querrás un libro que te ayude a matar las horas de calor sofocante.
Por las noches, te encontrarás a solas con tu conciencia y no podrás desoír su voz que te mantendrá en vela mientras los compañeros duermen.
Se te ocurrirán miles de preguntas que no hace falta que explicites porque ya sabes las respuestas.
Pese al ambiente festivo y a la hospitalidad exquisita de los nómadas varados en la arena del exilio, si escuchas bien, oirás el llanto de un Pueblo que quiere volver a casa.

1 comentaris:

Manuel de la Rosa -tuccitano- 28 de febrero de 2012 22:51  

sinceramente...la vuelta puede ser placentera o de dolor...y yo ya veo lo que tu sientes...
No te veas impotente..porque se te ve una luchadora nata....besos amiga

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