REVISTA SHUKRAN

domingo 8 de enero de 2012

REGALO DE BODA

Cada vez que miro a Fatma me invaden oleadas de nostalgia. Añoro aquel breve período de tiempo en el que ambos fuimos felices. Era la más pequeña de todos los hermanos. En su sonrisa se adivinaba la promesa de un futuro radiante que se malogró.
Ahora es una mujer excéntrica, callada y solitaria.
Después de aquello yo conseguí reunir los pedazos y rehice mi vida lo mejor que supe.
Al principio el dolor sólo se mitigaba en el fragor de combate. Después comprendí que por más enemigos que abatiera nadie me devolvería a Maluma y a mi hijo. Un instante de locura y todo se perdió. Mis padres me ahorraron los detalles aunque puedo imaginarlos porque mi familia no fue la única. En las horas de tregua muchos camaradas contaban historias terribles. Cada uno de nosotros llevábamos a la espalda una mochila invisible cargada de sufrimiento.
En el primer momento no la eché en falta, después el vacío de su presencia se hizo patente. Mis padres la sacaron del infierno en el que se había convertido nuestro país. Estaba a salvo en Argelia. La busqué en el primer permiso.
Por su mirada sé que se alegró de verme. Quiso hablar pero su garganta se negaba a emitir sonido alguno.
Un médico amigo mío la reconoció y me explicó que la enfermedad de mi hermana estaba en su alma. Un diminuto engranaje se le había atascado en la mente y hasta que no volviera a funcionar seguiría muda. Es como si hubiera enterrado las palabras en un pozo para no tener que explicar lo que había vivido.
-Ha sufrido una experiencia traumática ¿no es cierto?
- Seguramente, estaba con mi esposa y el niño el día que …
-Entiendo.
-¿Volverá a hablar?
- Eso…sólo Dios lo sabe.
Un día pronunció mi nombre:
-Ahmed.
Su voz era irreconocible, ronca y vacilante. Al cabo de un tiempo me lo explicó:
- Soy una asesina. Yo le maté.
- No, querida, no lo eres. Te defendiste. Si no lo hubieras hecho quién sabe lo que te habría ocurrido. No me gusta que digas eso.
- No lo entiendes, no lo entiendes… Le clavé el cuchillo hasta la empuñadura. Y me gustó. Los otros se habían marchado y aquel hombre se quedó para robar. Tenía la pulsera entre sus manos.
El brazalete fue el detonante. El terror de aquella noche terrible prestó fuerza a su brazo de niña.
Me gustaría que se deshiciera de aquella joya que ella guarda oculta en el baúl. En el mes once la saca, la acaricia, se la pone y habla sola.
Hace años que lo sé. El brazalete es como un talismán que le sirve para invocar a los seres queridos. Habla con nuestros padres, pide perdón a Maluma y después acuna en sus brazos a mi hijo muerto mientras le canta una nana.
Mi hermana vive en tierra de nadie, extraviada entre dos mundos distintos que confluyen en una preciosa pulsera de plata que brillaba en la oscuridad.
En ocasiones me pregunto qué hubiera ocurrido si en lugar de aquel regalo de bodas hubiera elegido cualquier otro. No encuentro ninguna respuesta.

2 comentaris:

Maria 8 de enero de 2012 21:10  

Hola Antonia, un Relato Conmovedor, emocionante, trágico...nunca se sabe lo que hubiera pasado de ser las cosas de otra forma, pero ¡Ojalá y esa Hermana sea capaz de superar ese trauma de su vida, lo que se llama Resiliencia,...y Ojalá tú lo veas pronto!. Un Abrazo Amiga y te espero en mi nuevo blog desde el que te escribo.

Mi vida en rojo 11 de enero de 2012 17:54  

¡Qué duro! La piel de gallina...

Besos rojos ;-)

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