LEYENDO A BÉCQUER CON OJOS ADULTOS
Me sumo a la nueva lectura propuesta por el profesor Ojeda en su Acequia. Constituye todo un reto ya que una, como tantos otros, leyó las Rimas en su momento, hace años, cuando era una adolescente. Y como tantos, las dejó de lado por considerarlas propias de quinceañeras con la cabeza a pájaros.
¿Existe alguien que no sepa de memoria una o varias de las rimas de Gustavo Adolfo? Yo creo que no, de la misma manera que sería difícil encontrar a alguien que no supiera recitar unos versos del Tenorio o de la Canción del Pirata de Espronceda. ¿Significa esto que los tres poetas románticos han pasado a formar parte de la sabiduría popular?
Repasando la biografía de Bécquer me doy cuenta de que se queda huérfano a una edad muy temprana hecho que, sin duda, debió de influir en su carácter melancólico e introvertido.
Siempre había creído que había vivido en la miseria y sin embargo descubro algo que me sorprende: desde 1864 a 1868 desempeña el cargo de censor de novelas gracias a su amigo González Bravo por lo que percibe una remuneración muy sustanciosa: 24.000 reales al año, cuando un obrero ganaba 3000 y un empleado de ferrocarril 8000.
Esta amistad con el ministro será la causa de la pérdida de “sus papeles” en el saqueo del palacio. Bécquer intenta reconstruir de memoria las rimas en el Libro de los gorriones.
El ejemplar que tengo en casa era de mi hija, de su época de estudiante. Sigue el orden convencional de los números romanos, sin embargo también incluye la numeración latina. La rima número 1 del Libro de los gorriones corresponde a la XLVIII.
No quiero avanzarme al post de Pedro y por tanto me limitaré a comentar la Introducción sinfónica. El poeta se siente presionado y atormentado por las criaturas, hijas de su imaginación, que desean ver la luz. Tropieza con las limitaciones del lenguaje y quizás de la técnica y le parece que, de lo que ha pensado a lo que ha plasmado hay mucha distancia. Esto me lleva a pensar que sus rimas fueron escritas en un momento de inspiración pero que detrás hay todo un trabajo de revisión y reescritura. Y como dice el profesor Ojeda no podemos dejarnos engañar ante su simplicidad aparente.
El acto de crear es doloroso, requiere esfuerzo, método y mucha constancia.
Le visualizo en sus actividades cotidianas con la mente en otra parte: pensando en cómo decir aquello que pugna por salir al exterior, eternamente insatisfecho con los resultados.
Llega un momento en que el creador confunde el mundo real con el imaginario. Escribe para quedarse en paz.
En el último párrafo se diría que presiente su muerte prematura. Por eso desea dejar aquí, en este mundo, su equipaje hecho de lo que él llama “oropeles y guiñapos”, no sé si con humildad o en un ejercicio de falsa modestia.









2 comentaris:
Me alegra mucho que te hayas unido a la lectura, seguro que disfrutaremos mucho juntos.
Veo, además, que lo haces con fuerza, recordando y leyendo con ojos nuevos.
¡Gracias y un beso!
¡Estupendo! Yo también me alegro mucho de que te incorpores a nuestra lectura. Será un placer leerte, querida Antònia.
Creo que Bécquer confundía el mundo real y el imaginario porque debería de estar atiborrado de morfina, pobret. Besotes, M.
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