MAGLI
Cada mañana me despierto aliviada pensando que sólo ha sido una pesadilla. Mi último pensamiento del día es para él. Abro los ojos con las primeras luces del alba, me arrebujo en la manta buscando su calor pero sólo encuentro el vacío.
¿Dónde estás? ¿Qué haces ahora? ¿Piensas en nosotros igual que todos pensamos en ti? Son preguntas que no tienen respuestas.
He probado a ponerme en su lugar pero no acierto a encontrar ninguna razón que le empujara a obrar como lo ha hecho. Me digo que tengo que aceptarlo, que no sirve de nada alimentar falsas esperanzas que son únicamente espejismos que llevan a perecer a los viajeros. Los he visto en nuestros periplos por el desierto: ciudades fabulosas de cúpulas doradas, ríos azules de aguas tranquilas, verdes palmeras de sombra amable. Te gritan, te llaman, te susurran: ¡ven hasta nosotros y podrás descansar! Nosotros sabemos que son señuelos, mentiras, promesas falsas, que caminarías y caminarías hasta que la visión desaparecería y entonces estaríamos perdidos, sin nada para sobrevivir en la inmensidad vacía de arenas cambiantes. Por eso seguimos las señales del cielo que nos indican el camino, largo, fatigoso e interminable.
Me pregunto hasta cuándo tendremos que avanzar sin ver un horizonte amable que sea de verdad. Arribaremos algún día a nuestras playas de arenas blancas, allá donde el desierto se funde con el mar?
Me siento fuera para disfrutar de unos momentos de soledad, mientras mis hijos duermen. Cierro los ojos e imagino el canto de las olas que mueren a mis pies. El agua salada y fría los moja y alivia la fatiga, las olas van y vienen, empujadas por el viento en una danza infinita y acarician levemente el borde de mi melfa. Sonrío e imagino que mis niños juegan a construir palacios de arena mojada.
Nunca estuve allí, mi vida ha transcurrido siempre en este lugar, incluso mis recuerdos de un tiempo revuelto aunque más feliz, preñado de esperanzas y sueños, son suyos.
Tal vez le ha ocurrido que de tanto compartirlos se ha quedado sin ellos. ¿Por qué nunca me lo dijo?
No puedo soportar la mirada de mi madre ni la tristeza de mis hijas mayores. No quiero oír los susurros de mis amigas ni deseo su compasión.
Sólo es un hombre, un desconocido con el que ya nada tengo en común. Puedo seguir adelante y sostener a mis hijos que, ahora, son sólo míos.
Repito a quien quiere escucharme que va a volver, sin embargo a solas con mi alma sé que no es cierto. Cuando alguien pierde el rumbo, sus pasos se pierden en la arena seca y traicionera.
El siroco ha borrado las huellas de sus pies. Me levanto y llamo a Nahsla. Es hora de ir a la escuela.
Dedicado a Magli y a todas las mujeres saharauis que construyen esperanzas con sus manos desnudas, con toda mi más profunda admiración.










4 comentaris:
Excelente Relato, me ha tocado la fibra sensible,...bueno como todo lo que veo que afecta a los Saharauis día a día durante los últimos años especialmente, y sin poder hacer gran cosa por ellos; lo que no puedo entender es porque no lo hacen aquellos que si podrían hacerlo, nuestros Políticos, pues a fin de cuentas el Sahara pertenecio a España y a fin de cuentas España tiene una Deuda Incalculable con los Saharauis.
Un Abrazo y Adelante con el Enorme Esfuerzo que haceis por el Pueblo Saharaui.
Seguro que Magli está encantada con tu, una vez más, emotivo relato. Besotes, M.
Magnífico relato. Escribes con un sentimiento inigualable. Con palabras justas. Y siempre emocionas. Una maravilla.
Besos.
Salud y República
Os dy las gracias por vuestros amables comentarios.
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