REVISTA SHUKRAN

viernes 13 de agosto de 2010

TUTU

Ayer me dijeron que Tutu había muerto. Sonó el teléfono y era Mamia. Me llamó por mi nombre, me preguntó por toda la familia y cuando hice lo propio, me lo dijo. No me sorprendí demasiado.
Cuando me despedí de ella, en la que sería nuestra última vez, lo supe. No volveríamos a vernos. La abracé fuerte y le dije :
-Hasta pronto, nos vemos en Sahara Al Garbía.
Y ella respondió como siempre:
-Inchallá. Maa salama.
La tarde caía sobre el campamento y el sol se ocultaba tras el horizonte. El cielo tenía los mil colores de su melfa nueva. La tierra estaba reseca y arrugada como la piel de su rostro. Sus manos que apretaban las mías eran  sarmentosas como las ramas retorcidas de las talhas próximas al uad.
Nos gustaba sentarnos fuera al atardecer. No sé porqué, siempre que iba a verla, el desierto nos regalaba estos plenilunios indescriptibles. No hablábamos mucho, en realidad. Sumidas las dos en nuestros silencios preñados de voces amadas que nos susurraban palabras al oído, mirábamos transcurrir la vida dentro de las tiendas.
Imperturbables como dos galbs, podíamos pasar horas sin pronunciar palabra.
Fuera, sopla un brisa casi imperceptible que lleva consigo aromas de té suave.

7 comentaris:

Eastriver 14 de agosto de 2010 00:53  

No tinc paraules, no las hay... Es hermoso por lo sencillo lo que cuentas... Salir, hablar, dar la mano, sabiendo que es la despedida definitiva. Seguramente tambien ella lo supo, seguramente supo tambien que la vida es eso, lo que uno quiere que sea, y que siempre quedan los otros, que son otra version de ti mismo, para continuar la misma lucha. Si os conocisteis y os reconocisteis es ya mucho, muchisimo. Tanta gente con menos sensibilidad sera capaz de sentir mucho menos de lo que sintio ella, de lo que sientes tu. Ese es el premio de los generosos. Nena, avui m=has emocionat...

RGAlmazán 14 de agosto de 2010 08:20  

Sencillo y escrito con el corazón. Por cierto, tu corazón escribe estupendamente. Un bello y emotivo relato de cariño, de amor.
Tus relatos me dejan pensando, me emcionan y contienen siempre mensajes positivos en tiempos duros.
Petons

Salud y República

Camino a Gaia 14 de agosto de 2010 22:01  

Creo que la muerte solo es muerte absoluta cuando no desemboca en la vida.
Trascendemos en los que quedan, porque en el fondo un ser humano es eso que llamamos yo, mas nuestra prolongación en hermanos, amigos, parejas, hijos, padres, conocidos. También nuestra prolongación en sueños, plenilunios, causas e ilusiones.
La vida sigue, y el entramado de lo que somos no se detiene, solo porque hayamos dejado de respirar.
El olvido no lo puede todo. La belleza de una existencia no se agota cuando se termina el camino. Porque por propia definición, la belleza no está en lo que amamos, sino en aquello que merece ser amado. Como el deseo de dignidad o el desierto colmado por la vida.

Chejdan 14 de agosto de 2010 22:51  

de qué murió tutu, que edad tenia, dde murio. es bonito el relato y conmovedor solo q me quedan dudas o nos quedan los que no la conocemos

un saludo

Antònia 14 de agosto de 2010 23:28  

Me váis a permitir que conteste primero a Chejdan, amigos,
ante todo bienvenido. Es cierto que me llamaron diciéndome que una anciana o no tanto, ya sabes que en la Hamada se envejece deprisa, había muerto. Era la madre de unos amigos muy queridos. Su nieto está aquí, muy cerca de mi casa de vacaciones en paz. Mi amiga me rogó que no le dijera nada. Nos veíamos cada vez que yo iba a los campamentos.
Pero el relato está construido de muchos momentos vividos con otras mujeres mayores. Nunca me he sentado con Tutu que no sé si se llamaba así. Su nuera tampoco se llama Mamia.
Su hijo se llama de verdad Salaku Bahaha, es militar y vive en Agwenit, Ausserd. Espero que si la familia del niño lee mi comentario no le diga nada.
No sé, realmente de qué murió. Sólo que su muerte me entristece profundamente porque no ha visto cumplido su sueño.
Un abrazo.

Antònia Pons Valldosera 15 de agosto de 2010 10:14  

Eastriver, he estado muchas veces en la Hamada y he conocido a muchas mujeres como Tutu. Cuando me dicen que alguna ha muerto siempre me causa un profundo dolor porque si es difícil vivir en el exilio aún es más triste morir allí.

Rafa, muchas gracias. Mis relatos están formados por recuerdos, vivencias y retazos vividos.

Camino, nunca se muere del todo pero la ausencia cuesta mucho de soportar.
Los olores hacen que mis ausentes revivan.
El olor del té en una tetera hace que revivan mis recuerdos de las horas pasadas junto a mis hermanos saharauis.
A todos vosotros un abrazo.

BIPOLAR 15 de agosto de 2010 16:14  

¡Qué bello Antonia!

Como siempre muchísima sensibilidad.

Tú perteneces ya al Sáhara

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