REVISTA SHUKRAN

domingo 8 de agosto de 2010

SILENCIOS ROTOS

Les vi enseguida: una mujer rubia de piel muy blanca acompañada de un hombre que parecía ser su marido, deambulando por el centro de la ciudad. Con disimulo les seguí, esperando que se detuvieran. Eran europeos pero por lo poco que había podido oír no hablaban español entre ellos. Sin embargo un sexto sentido me decía que sí lo eran. Anduve media hora a una distancia prudencial hasta que ¡por fin! entraron en un bazar. Apresuré el paso y entré también. Gracias a Dios, el propietario era saharaui y amigo. Saludé con un correcto: sbaj eljer que fue correspondido con otro. Y después les miré, ellos me observaban sin apenas disimulo, bajé los ojos y les dije buenos días. Los ojos de la mujer, casi una chica, se abrieron un poco más.
-Buenos días. ¿Habla Vd. español?
-Claro. ¿Cómo están?
No parecieron sorprenderse demasiado. Seguimos conversando mientras ellos iban mirando los cachivaches que estaban en las estanterías.
El miedo, inseparable compañero desde mi infancia, me hacía mirar disimuladamente hacia la calle en busca del policía, del chivato o del traidor. Siempre estoy asustada a pesar de que, con los años, he aprendido a adoptar el aspecto “normal” de una mujer de mediana edad que no llama la atención. Les invité a tomar un atai en mi casa. Aceptaron enseguida. Entonces les dije que estábamos un poco lejos y que, como, seguramente, ellos estaban fatigados, llamaría a mi marido para que viniera con el coche. Sólo fue un momento. Al cabo de pocos minutos el viejo Mercedes estaba allí.
-Vamos, vamos. Suban.
Yo me quedé en tierra. Noté como todos los músculos de mi cuerpo se relajaban al tiempo que un suspiro de alivio se me escapaba del pecho.
Soplaba una leve brisa cuando salí de la tienda y a paso lento y cauteloso me dirigí hacia nuestro barrio.
Conocía a muchos de la secreta que se apostaban en los bares y cafeterías, a la caza de cualquiera que quisiera explicar a un extranjero lo que ocurría allí, en nuestra tierra. Sabían que lo hacíamos y que algunos de sus crímenes salían a la luz y estaban dispuestos, costara lo que costara, a sumirnos en el silencio más profundo y en el aislamiento más terrible para así poder obrar con toda impunidad.
Recuerdo que aquella joven mujer española lloraba mientras yo le iba traduciendo en voz muy baja lo que nuestra hermana Galia explicaba. Su marido había puesto en marcha la cámara y grababa a todos aquellos que habían decidido que no les importaba lo que pudiera ocurrirles. Eran valientes y habían superado los largos años de tortura y desaparición
Fue un té muy largo.Yo no quise hablar, nunca lo había verbalizado aunque no dejara de pensar ni un solo día en todo lo que me hicieron. Recuerdo al oficial que entró mientras yo estaba herida y desnuda, enroscada en el suelo de aquella inmunda celda. Le miré un instante a los ojos y pensé ¡Ojalá Dios te maldiga para siempre!
Después me desmayé.
Por la noche me miré al espejo y me di cuenta de que no podía seguir así, con aquello pudriéndome las entrañas.
A la mañana siguiente me senté frente al objetivo y empecé a relatarlo todo sin omitir  detalle.
Aún tengo miedo, pero desde entonces, no he vuelto a tener pesadillas.

13 comentaris:

Pedro Ojeda Escudero. 8 de agosto de 2010 23:41  

No dejemos de dar testimonio. Qué buen relato.

Anónimo 9 de agosto de 2010 01:50  

Impresionante este testimonio. No dejen que el miedo se apoderé de las palabras aunque sea muy dificil.

Ánimo no estáis solos.

Merche Pallarés 9 de agosto de 2010 10:05  

Excelente. Revives magníficamente esos pequeños retazos saharauís. Besotes, M.
P.D. Euphorbia no había leído el famoso post polémico. Lo hizo ayer y ha dejado comentario.

Antònia Pons Valldosera 9 de agosto de 2010 10:37  

Pedro, Hay que dar testimonio de lo que ocurre. El silencio es el peor de los muros.
Un abrazo

Anónimo, no están solos. Al menos la sociedad civil se ha puesto de su lado. Esperemos que los poderosos lo hagan también algún día.
Bienvenido.

Merche, gracias querida. He leído el comment de Gemma. Excelente y muy
oportuno. Sabía que lo iba a leer lo que no sabía era si iba a intervenir o no. Por suerte lo ha hecho y ha dejado en su sitio a toda esta pandilla de anónimos impresentables estrechos de miras. Para mi, la Splendens personifica "el seny" catalán.
Como has dicho tu en tu respuesta: broche de oro.
Un beso.
PS/ Cuando les hube dicho lo que, en verdad, tenía ganas desde un buen principio ya me quedé tranquila. Se permiten afiliarme a un partido sin conocerme de nada. Cuadriculados, eso es lo que son.

Merche Pallarés 9 de agosto de 2010 19:20  

Lo que me ha dejado alucinada es que es el post ¡donde más comentarios he tenido! Se ve que el tema "Catalunya" levanta pasiones y odios...¡qué pena! Pero yo estoy con vosotros, con los catalanes, que sois un pueblo ¡maravilloso! Y estoy feliz de haber elegido este pueblo para el final de mis dias. Me siento a gusto. La gente es abierta, respetuosa, cosmopolita, europea. Sin falsas adulaciones, simplemente, son como son. Eso me gusta mucho. Gracias, querida Antònia, por haber defendido tu postura tan dignamente y ¡con un par! Visca Catalunya! Besotes, M.

Antònia Pons Valldosera 9 de agosto de 2010 19:46  

Ay Merche! Será que soy un poco masoca pero a veces me doy una vuelta por los blogs de Periodista Digital o veo, ahora con los niños no que soy una madre de acogida responsable, Intereconomía y las razones expuestas por los anticatalanes, en tu post, son las mismas que vomitan desde estos medios rancios y casposos.
No será tu última etapa. ¿Quién sabe las sorpresas que la vida nos tiene preparadas?
De todos modos no en todas partes los catalanes y los andaluces o los maños, son cosmopolitas, europeos...etc. Si te dieras una vuelta por esos pueblos de la Catalunya profunda alucinarías.
El otro día vino a casa un amigo nuestro muy buena gente pero... nos empezó a hablar del huerto, de las lunas viejas y nuevas y terminó con que ¡los ajos caminaban! según en que luna los sembrases. Y yo que puedo ser muy puñetera le dije:
-Pues oye planta unos cuantos a ver si llegan aquí y eso que nos ahorramos.
Terminamos riendo pero él sigue convencido de unas cosas que no tienen para mi ningún fundamento científico.
Y los que siempre están en el bar que se te quedan mirando como a una extraterrestre, cada vez menos, si entras sola y pides un café... es para verlos.
Un beso.

Merche Pallarés 10 de agosto de 2010 08:05  

Bueno, generalmente todos los pueblos del interior suelen ser así pero donde yo estoy es como te digo. Me ha hecho gracia lo de los ajos andarines, ja,ja... Besotes, M.

Francisco O. Campillo 10 de agosto de 2010 13:22  

Excelente relato, Antònia. Da gusto pasarse por SÀHARAPONENT y leerte ;-)

Antònia 10 de agosto de 2010 19:15  

Hola Fran, pues me alegro de que mis relatos te gusten. Este podría haber pasado tal y como lo cuento. Antes de la intifada, una compañera fue como turista y en su caso les contactó H'mad Hamad. Los activistas se las ingeniaron para sacar las cintas: en total 20 horas de filmación inéditas todavía, porque en la Asociación no le hicieron el menor caso. Cuando estalló la intifada y el nombre de Aminetu, H'mad, Galia y otros empezaron a ser conocidos, los responsables se apresuraron a coger un avión para acompañar "a nuestros hermanos saharauis". Como era de esperar no les dejaron bajar del avión pero ocuparon portadas en los periódicos que es de lo que se trataba, explicando su odisea y los malos tratos que habían recibido de las fuerzas de ocupación. Pero las cintas siguieron durmiendo el sueño de los justos.
La chica acudió a nosotros y tenemos algún trozo traducido a ratitos por un saharaui que se prestó voluntario.
Siempre pienso que se tenía que haber pagado a un traductor y haber montado un reportaje para uso interno o externo pero no interesó. No voy a decir más porque estas personas han desaparecido del mapa, afortunadamente para los saharauis y para nosotros.
H'mad tenía y tiene aún un antiguo Mercedes con el que les mostró los controles policiales, las factorías de CALVO, las excavadoras que se llevaban la arena de las playas y las sardinas que pos pesqueros españoles se limitaban a cargar que no a pescar.
Un abrazo.

Euphorbia 10 de agosto de 2010 22:19  

Impresionante relato, me ha gustado mucho. Si muchos turistas supieran lo que hay detrás de sus hoteles de lujo... claro que a la mayoría tampoco les interesa saber.

P.D. off topic, que se dice: Si andan los ajos, que anden también las sandías, que pesan un huevo cuando las traes del mercado.

Un petó, Antònia, feia temps que no passava a saludar-te.

momo 11 de agosto de 2010 10:03  

Antonia si es verdad que las personas somos puentes transitando de unas a otras ...yo qiero seguir el tuyo.
un gran abrazo

Antònia 13 de agosto de 2010 12:23  

Splendens, gràcies per la visita.
Sí si els turistes sabessin què hi ha darrera els monumets i els indrets turístics potser la cosa canviaria, però com tu dius, molts tanquen els ulls.
Petons.

Momo, gràcias por la visita. Bienvenido. Puedes seguir el puente siempre que quieras, te llevará al Sahara. hace ya unos años que todos mis caminos conducen allí.
Voy a poner un link a tu blog
Un abrazo.

BIPOLAR 15 de agosto de 2010 16:24  

Qué tristeza. Ojalá todas las personas denunciaran estas situaciones. Si todos tuvieran la oportunidad de hacerlo.

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