REVISTA SHUKRAN

lunes 16 de agosto de 2010

MADRUGADAS

La vieja Maluma tiene miedo. Nunca me lo dice pero yo lo veo en sus ojos asustados, en sus manos que se crispan sobre la tetera y en la tensión de todos los músculos de su cuerpo. En su mirada temerosa que me sigue hasta la puerta, hay  una súplica que no puedo atender.
Si permanezco con ella, en silencio, mientras escribo en el ordenador, sus ojos van de la máquina a la puerta sin parar, erráticos y preñados de malos augurios.
Cualquier ruido la sobresalta. Si llaman a la puerta mientras está cocinando, se le caen los utensilios de las manos. Casi puedo oír su corazón desbocado.
Cuando salgo de noche no se acuesta hasta que regreso y aún así, después, oigo su respiración desacompasada, sé bien que la negra mano de la angustia le oprime el pecho y no la deja descansar.
Recuerda aquella madrugada en la que todo estaba en silencio y se hubiera dicho que en paz. La noche se deshacía en jirones de luz rosada por levante. De pronto, los golpes en la puerta: oscuros, poderosos e impunes. El crujido de la endeble cerradura se amplificó en nuestras cabezas y el resonar de botas, gritos y maldiciones, nos llenó de temor.
A pesar de todo la vieja Maluma salió y les hizo frente:
-¿Qué queréis a estas horas? ¿Qué estáis buscando?
No respetaron su edad, la apartaron de un empellón.
Sin embargo ella siguió gritando desde el suelo, la melfa loca, el pelo a la vista:
- Hija mía ¿Qué quieren ?- y luego - ¡Corre, Zahra, corre!
Su voz se mezclaba con otra muy lejana, la noche cabalgaba hacia el alba, que hacia 35 años me había gritado lo mismo. Entonces era una niña y obedecí, ahora soy una mujer y sé que no existe ningún lugar donde ocultarme.
Antes, hace mucho, pensaba que todo era un mal sueño, ahora sé que no porque lo estoy viviendo.
La vieja Maluma calmaba mis pesadillas infantiles. Ahora me gustaría ahuyentar su miedo. Por eso le digo que no va a pasarme nada, que no me meto en política. Ella finge creerme aunque sepamos ambas que nos estamos engañando.
Termino y cierro mi portátil. Atisbo por la ventana. Anochece, los depredadores pronto saldrán de caza. Paladeo el primer té amargo y áspero.

1 comentaris:

Merche Pallarés 17 de agosto de 2010 13:53  

Tienes que publicar un libro, Antònia... Este relato es más inquietante que los que escribes desde la Hamada... Besotes, M.

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