LIBRE
El tiempo transcurre lento en este lugar, los días se alargan y se encadenan unos con otros. Parece que siempre es el mismo si no fuera porque algunos vienen y otros se van.
Me levanto antes del amanecer, si me preguntan digo que es para mis rezos. Salgo fuera y observo la luz vacilante del amanecer. Subo a la güera y me siento sobre mi piedra, grande y plana. La wilaya que lleva el nombre de nuestra ciudad, se extiende a mis pies. Beits y haimas se arraciman, muy pegados unos a otras, como si faltara espacio. Mientras el campamento duerme, yo velo y pienso en los días perdidos que nunca volverán. Observo el cielo lechoso que aún no se ha teñido de azul, las pequeñas nubes blancas, avariciosas que casi nunca alivian nuestra sed, las cabras que balan impacientes por salir a triscar en este yermo y los pájaros que vuelan libres.
Son los únicos momentos que tengo de intimidad. Me gusta estar con los míos y sin embargo, añoro poder cerrar una puerta y quedarme a solas.
Aún conservo las fuerzas, no sé para qué, porque ahora otros han ocupado mi lugar. Los viejos hablamos del pasado, de nuestras casas y de nuestra tierra, del mar y de las montañas, de mares de arena perdidos, de pozos y de talhas verdes, de lagos en el desierto. El tiempo embellece los recuerdos.
Pero ¡ah! cuando estoy a solas con mi alma, me digo si no me equivoqué. Siento envidia de estas jóvenes hermosas y estos chicos que resisten por nuestra Libertad, desde dentro.
En otro tiempo yo también luché. Parece que fue ayer mismo, hace una hora, un instante. Siento latir la bandera, bajo mi melfa, cerca del pecho. Yo misma la cosí. Ahora está en la haima, aparentemente envejecida, como yo.
Algunas siluetas de colores se encaminan hacia los corrales con paso cadencioso y lento, los niños corretean hasta la escuela, sus risas me llegan transportadas por la brisa mañanera, los coches levantan nubes ocres de polvo. La daira está despertando, es hora de volver.
Me saco las sandalias y camino ladera abajo, poco a poco, y después más deprisa hasta que siento el corazón en las sienes. Late, palpita con fuerza aún. Miro hacia occidente y grito en silencio que estoy viva.
No voy a rendirme nunca, nací para ser libre.











8 comentaris:
Nacemos para ser libres, pero ¡cuántas vallas nos ponen para acotarnos, cuántas cadenas nos echan encima, cuántas nos echamos nosotros mismos!
Yo también sueño con Africa ahora, y desearía ver su cielo y aprender sus lecciones con unos ojos que se hartan de mirar naderías.
Otro texto bellísimo, lleno de nostalgia y melancolía. Besotes, M.
Se trata de un microrrelato de situación, de mundo interior, de sensaciones. Los espacios configuran un clima, una situación. No dices casi nada y lo dices todo. Los nombres de los objetos aclaran por si existiese alguna duda. Es un texto para la libertad conseguida, conquistada.
Se es libre con el pensamiento... faltaría que en eso también nos dominasen....salud
Cecilia, todos nacemos para ser libres, las personas y los Pueblos. Las barreras y los muros caerán, algún día.
'Africa es un continente para aoñar, en efecto. La bella, misteriosa y atormentada África.
Un beso
Merche, otro texto con el que he intentado reflejar la fuerza de estas mujeres que, a pesar de los pesares, no van a rendirse jamás ni a dejar que otros lo hagan.
Un beso
Eastriver, la libertad para la que viven los exiliados en la Hamada...
Para la Libertad, sangro, lucho pervivo... que dijo el gran poeta.
Porque soy como el árbol talado que retoña y aún tengo la vida...
De hecho es lo único que tienen: la vida para vivirla en libertad.
Un abrazo
Tucci, ¡qué alegría volver a leerte!
Efectivamente, nadie nos puede arrebatar esa libertad a la que tenemos derecho.
Un abrazo.
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