REVISTA SHUKRAN

sábado 21 de agosto de 2010

ESTIMADA HERMANA

El cazador ha vuelto. Le han visto salir del hotel más lujoso de la ciudad con su sonrisa hipócrita, su mirada huidiza y el pelo  hacia atrás para disimular una calvicie incipiente, rodeado de los gorilas encargados de protegerle.
Se cruza con nosotras que bajamos los ojos. Detrás de los cristales del coche de lujo, nos mira indiferente, rodeado de policía secreta que tampoco se fían de él; como nosotras, recelan de su lealtad comprada. Se dirige a la mansión del wali con el que se muestra obsequioso, según cuentan.
Hay que actuar rápidamente. Llamadas perdidas, mensajes que se multiplican en progresión geométrica, saludos que son advertencias… Cuando el enemigo obra con impunidad toda prudencia es poca.
Parece un pavo real pero, en realidad, es un mercenario que sirve a sus amos, los ocupantes.
La intrincada red secreta del activismo se pone en marcha. Gracias a Dios, hay muchas personas que nos ayudan dentro y fuera, que no son sospechosas, que fingen doblarse con el viento pero que en realidad, son indomables, como casi todos nosotros, los hijos de las nubes.
Nada es lo que parece en nuestra bella ciudad. A primera vista todo es normal pero si miras con ojos atentos verás agentes apostados en las esquinas, observarás a personas que siguen a los turistas que llevan cámaras al hombro. La atmósfera se torna pesada y asfixiante. Los viajeros  vuelven  la cabeza  como si la mirada escrutadora de los sabuesos les golpeara en la nuca. Al atardecer parece un poblado fantasma. Sólo siluetas que se mueven amparadas en la sombra oscura de los edificios. La noche es lo que más tememos porque la oscuridad les vuelve más osados y peligrosos. También hay hermanos que dan la cara y lo pagan con sangre. Cárcel, tortura, desapariciones forzadas y violaciones es todo lo que podemos esperar.
Sin embargo el cazador tiene enemigos mucho más cerca de lo que piensa.
Hermana, tu lo sabes muy bien.

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