REVISTA SHUKRAN

martes 3 de agosto de 2010

EL SECRETO DE MARIAM


Siempre supe que Mariam tenía un secreto que guardaba celosamente en su baúl. Las madres de mis amigas se reunían para tomar el té y estaban toda la tarde charla que te charla de las mil y una cosas que sucedían en nuestra daira. Cuando la invitaban, unas veces se excusaba pretextando trabajo y otras, en las que no le quedaba más remedio que aceptar, se quedaba sólo el tiempo estrictamente necesario.
Y es que mi madre tenía un libro que en ocasiones leía y que en otras, únicamente miraba. Lo sé porque podía estar mucho tiempo sin pasar las hojas con la vista perdida en aquellos signos extraños que yo aún no sabía descifrar. Antes de guardarlo, se quedaba inmóvil con el libro apretado contra su pecho, como abrazándolo.
Cuando le preguntaba solía responder con evasivas.
El sol estropeó su vista aguda al mismo tiempo que su piel que yo recuerdo tan suave. En una ocasión unos médicos a los que consultó le regalaron unas gafas que ella dejaba resbalar hasta la punta de su nariz mientras volvía a releer aquel libro que había venido con ella desde tan lejos.

Pasaron los años, me casé, tuve hijos y, sin saber cuándo ni cómo, Mariam se convirtió en una anciana. Aún anda erguida y todavía sabe imprimir un tono cortante y autoritario a su voz pero ya, casi nunca, sale de la haima. Sólo al patio o a la puerta para tomar el fresco en los días de calor.
Este año se enteró, por mi hija mayor, de que había llegado a nuestra wilaya un camión lleno de libros.
¿Libros? ¿Qué clase de libros? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo? Y luego imperativa: llévame.
Abuela y nieta, cogidas de la mano, se perdieron por entre las casas de adobe y las haimas.
La niña me explicó que el paso de su abuela era tan ligero que casi no podía seguirla. “Amma, miraba los libros, los acariciaba, los abría con gran cuidado, incluso los olía. Aquellos españoles estaban sorprendidos porque quiso verlos todos”.

Cuando regresaron, estuvo inusualmente callada y pensativa un par de días, pasados los cuales me confesó su secreto.
“Cuando vivíamos en El Aaiún tenía una amiga española que me invitaba a jugar a su casa. Sus padres tenían muchos libros. Un día vi éste encima de una mesa y comencé a hojearlo. La mujer me observaba y entonces me explicó el significado de los dibujos.
Llegó un día en que aquella familia se tuvo que marchar y entonces la madre me lo regaló: "sé que te gusta, para que no te olvides de nosotros y para que nunca dejes de leer".
Le hice caso y, poco a poco, pude conocer las historias que encerraba. Eran maravillosas, llenas de magia y de aventuras que me transportaban a otros mundos muy lejanos en el espacio y en el tiempo.
Después fuimos nosotros los que tuvimos que huir de nuestros hogares. Dejamos casi todo allí aunque yo me llevé ni particular tesoro.
¿Sabes, hija mía, que, cuando fui mayor, las palabras cambiaron de significado? Eran las mismas y, a la vez, distintas. Se transformaban al mismo ritmo que yo. He pasado toda mi vida intentando comprender cómo alguien que vivió hace cientos de años supo… lo supo todo".

Ahora soy yo la que se pasa las horas leyendo. Por fin, he comprendido a mi madre porque lo que estoy descubriendo es, en realidad, su propia historia, que también es la mía, de ahí su pudor y su recelo.
Ahora sé que la vuelta al hogar está llena de dificultades. Quizás cuando arribemos, nuestros hijos ya no nos reconozcan. Pero ella, Ítaca, sigue allí esperándonos, a pesar de que los poderosos tejan intrincadas telas de araña en sus despachos. He aprendido que todas las travesías están plagadas de espejismos, que estamos a merced de los vientos que empujan nuestras naves hasta destinos insospechados.
Leo despacio, sin apresurarme, porque mi madre, no pudo evitarlo, me advirtió que no sufriera, que esta larga historia tuvo un final feliz.

8 comentaris:

Merche Pallarés 3 de agosto de 2010 17:27  

Precioso el texto y el video de Lluis Llach ¡me ha recordado a Ibiza! Besotes, M.

RGAlmazán 3 de agosto de 2010 22:44  

¡Qué texto más bello y emotivo! Eres una auténtica experta en transmitir sentimientos y sensaciones.
Petons

Salud y República

Pedro Ojeda Escudero. 3 de agosto de 2010 23:08  

Por eso mismo las historias que merecen la pena deben releerse a lo largo de la vida. Un buen texto para mi vuelta a los blogs, sin duda. Besos.

Eastriver 4 de agosto de 2010 01:25  

És tan maco... i a més la cançó de Llach, i el poema de Kavafis, tot plegat. I els llibres, la cultura, la paraula. Tot això és un poble també, la seva cultura.

carlos 5 de agosto de 2010 11:17  

Precioso, sabes como mezclar la realidad del día a día
con los sueños y la esperanza, me gusta, besos!!!

Manuel de la Rosa -tuccitano- 7 de agosto de 2010 10:03  

La lectura...perfecta compañera para evadirse de los problemas....¿como me hubiese gustado saber el título del lirón regalado?....besos

Antònia Pons Valldosera 8 de agosto de 2010 20:32  

Merche, el vídeo es precioso. Confieso que soy más de Serray pero este poema en la voz de Llach me emociona.
Un abrazo.

Rafa, gracias por tus palabras.
Un abrazo

Pedro, menos mal que sabemos de ti. Estábamos preocupadas. Espero que todo vaya bien.
Un abrazo

Eastriver, si un poble també és la seva cultura i la seva literatura. En aquest cas los saharauis tenen una tradició oral molt rica però que sàpiga de llibres escrits no massa a no ser el Llibre de la Badia que parla del nomadeig.
Una abraçada

Carlos, la esperanza es muy importante. ¿Qué sería de nosotros y de ellos si la perdiéramos?
Un abrazo

Yucci, pues mi idea era la de transmitir que el libro era una versión de La Odisea.
Un abrazo.

BIPOLAR 15 de agosto de 2010 17:02  

Leer nos amplía los horizontes, imaginar también.

La educación y la sanidad deberían ser globales.

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