REVISTA SHUKRAN

domingo 15 de agosto de 2010

DOS FOTOS EN INTERNET

Hace un par de días estaba buscando imágenes por Internet y, de repente, me encontré con estas fotografías. Mis ojos no daban crédito.  ¿Toufa? Sí, es ella pensé.
Para cerciorarme llamé a la niña y le dije que mirara. 
-¡Toufa! ¿De cuándo es esta foto? - exclamó. 
Es de hace muchos años, en realidad aún no la conocíamos.
Un viajero inmortalizó su dulce sonrisa y después la colgó en la red. Corría el año 2000 y nosotros teníamos en casa a Lab, la pequeña saharaui que llegó del desierto para sus primeras vacaciones en paz. Al año siguiente volvería y, con ella, una monitora embarazada que dio a luz en el hospital de nuestra ciudad. Después de ocho años aquel bebé regresó al lugar donde había nacido para disfrutar de unos días lejos del calor y la precariedad.
Cuando viajo a la Hamada argelina siempre voy a ver a Toufatu o es ella la que se entera y viene a El Aaiún.
Nuestras cartas se han cruzado en innumerables ocasiones. Sólo unas palabras convencionales que expresan mucho más de lo que significan. En las suyas siempre hay algo más: un collar, un elzam, unos anillos.
Las dunas de Ausserd la conocen, la arena del exilio conserva las huellas de sus pies descalzos. Nosotros atesoramos en el recuerdo su hospitalidad exquisita.
Ahora debe estar contando los días que faltan para que su hijo regrese. Y sé que su hijo cuenta hacia atrás, como todos los demás pequeños que llegaron hace un instante.
Las vacaciones en paz son un hola y un adiós sin apenas intervalos.
Yo me despido desde que llegan: en cada palabra y en cada gesto porque sé que estos niños serán distintos el próximo verano.
Ha llegado la hora de preparar el equipaje, de tragarse las lágrimas, de buscar sonrisas y mandar saludos.
-¿Vendrás a nuestra haima? 
-Claro - y después la pregunta de una miniatura que no sabe esperar: 
-¿Cuándo?
Faltan siglos porque el tiempo transcurre muy lento en las ausencias.
Sí, me encontré con una amiga en la red y estaba allí antes de que ambas supiéramos que nuestras vidas iban a cruzarse.

5 comentaris:

Merche Pallarés 15 de agosto de 2010 14:42  

He leido tu post anterior sobre "Tutu" y éste. Uno triste por la desaparición de tu amiga que no podrá disfrutar de un Sáhara libre y éste de alegría por encontrar en la red la foto de otra amiga. ¡Cuánta casualidad? Besotes, M.

Antònia Pons Valldosera 16 de agosto de 2010 11:59  

Sí, la mujer que murió era la madre del marido de Toufa. Después buscando otras imágenes la encontré en la red. La niña que aprece en la foto es su hija Teissa,la mayor, Zahra debia ser muy pequeña y el niño que nació en Lleida, no era ni un proyecto o tal vez sí porque no sé en que mes está tomada la foto.
Un beso.

Pedro Ojeda Escudero. 16 de agosto de 2010 13:10  

Una tristeza nos trae una alegría. Así es la vida, querida amiga, una sucesión de cosas agridulces.

Anónimo 26 de agosto de 2010 13:39  

Ese pequeño del que se habla (Lavin,que así se llama), he tenido la suerte de tenerlo este año, y aunque el principio fué duro ha dejado una huella en el corazón de mi familia.Y, sí es una tristeza la separación pero siento la alegría del reencuentro entre una madre y su hujo......

Antònia 26 de agosto de 2010 13:54  

Pedro, así es la vida está hecha de momentos alegres y tristes.
Un abrazo

Estimada amiga, te deseo lo mejor del mundo. Si alguna vez tienes la suerte de conocer a la madre de tu hijo saharaui verás que es una persona increíble: dulce amable y muy agradecida. Con una alegría interior que nada puede empañar. No dije nada de la muerte de la abuelita, la dadda de Lavín porque ella me lo pidió.
Un beso a todos.

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