REVISTA SHUKRAN

lunes 5 de julio de 2010

LA OTRA CARA DE LA MONEDA


La niña lloraba con desconsuelo, no quería volver son su familia del año anterior. Cuando sucede, siempre intentas convencer, consolar y razonar con el pequeño. Pero los afectos no se imponen. Y cuando no hay nada qué hacer, siempre es triste y traumático para la persona que se siente rechazada. Y mucho más si es ésta se cree en un plano superior: yo te doy y tu recibes, por tanto tienes que quererme. Es normal y es humano. Y siempre duele.
Yo siempre he sido partidaria de decir la verdad sin subterfugios. Cuando siento la decepción y el despecho expresados con duras palabras nunca dejo de conmoverme aunque esto no cambie mi decisión.
Gritos, quejas, justificaciones e incluso portazos airados son alguna de estas muestras.
Los sahrauis suelen ser muy corteses pero los niños aún no han aprendido a usar este colchón.
Pueden ser brutalmente sinceros. Si se sienten apoyados pueden ser, incluso, temerarios.
Hace muy poco he vivido dos de estas situaciones. Conscientemente me he interpuesto en la trayectoria de las balas verbales para que no lastimen a los niños que ya han tenido una vida demasiado dura: nacidos en un refugio inhóspito y además separados por dos largos meses de sus propias madres. Si os dijera que estos dardos no me hieren os estaría engañando. Sobre todo cuando empujados por la ira son injustos: no respetáis a las familias, estas no son formas… etc.
Es muy complicado explicar a una persona dolida que, de la misma manera que nadie está obligado a acoger si no lo desea, tampoco ningún niño puede ser obligado a ir con alguien en contra de su voluntad, que la balanza debe estar equilibrada y que son dos las partes que deben estar de acuerdo.
Amar significa respetar y también desear que la persona querida sea feliz.
El afecto no se impone, es un regalo otorgado libremente. No hay dinero bastante para comprarlo.
Esta es la otra cara de las Vacaciones que hoy he querido compartir con vosotros.
Hasta pronto.

3 comentaris:

Merche Pallarés 5 de julio de 2010 20:00  

Por algo será que el niño/a no quiere volver con la misma familia... Los niños no mienten y sienten cuando verdaderamente se les quiere y no se les utiliza como "esclavitos". Recuerdo al niño saharauí que tenía mi bloguera Helena "Salondesol" el año pasado en Formentera. Al niño se le veía feliz, abrazado constantemente al marido de Helena. Creo que era ya el tercer año que lo tenían con ellos.
¡Qué duro tu trabajo querida Antònia! ¿Recibiste mi e-mail? Besotes, M.

Eastriver 6 de julio de 2010 20:12  

Eres muy honesta compartiendo esa parte dura. Pero si existe la sensibilidad suficiente las cosas acaban saliendo bien. Un petó molt fort.

Antònia Pons Valldosera 12 de julio de 2010 10:24  

merche, claro, siempre hay algo. Lo que ocurre que la percepción de un niño no es la misma que la de un adulto. Y si no hay nada, también es sumamente raro que después de un verano, dos o un año entero un niño no sienta ni un atisbo de afecto por alguna familia acogedora. Esto es lo que no acierto a comprender: como algunos adultos son incapaces de hacerse con un niño pequeño.
Un beso.

Ramon, esta parte existe y seguirá existiendo y creo que no podemos "vender" el proyecto como si fuera de color de rosa. Hay en él múltiples facetas que yo creo que no hay que ocultar. Una veces es perfecto, otras regulín y otras un desastre. Así son las relaciones humanas.
Un abrazo.

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