REVISTA SHUKRAN

miércoles 28 de julio de 2010

ESPERANDO DESDE QUE NACÍ

Esta historia es rigurosamente cierta. Sucedió hace un tiempo, cuando los móviles no habían llegado aún a los campamentos. Recuerdo que el chico del locutorio llamado Abdu nos rogaba que buscáramos a una niña ya que su madre llevaba 2 días en Tinduf esperando para saber de su hija que se había ido de vacaciones en paz. Siempre he admirado a estas madres que nos confían a sus hijos para alejarles del calor y la precariedad. Esas mujeres que se quedan allí esperando y sufriendo por sus niños. Hoy este relato es para ellas: las madres saharauis.


Era tan fuerte el sol cuando se marchó que envolví su cabeza con un elzam mojado. Ella lloraba porque no quería separarse de mi. Y yo le sonreía mientras se alejaba el camión.
En su mochila puse unas galletas y una carta para su nueva familia con un número de teléfono. El locutorio estaba lleno de padres y los timbres sonaban sin parar, pero no para mi.
Por la noche volví a la haima con el corazón lleno de angustia.
No puedo dormir ni comer ni tan siquiera tomar el té. No, hasta que oiga su voz.
Mis amigas me dicen que no me preocupe, que si hubiera sucedido algo ya lo sabría pero yo les respondo que no es su hija sino la mía. Ya no se qué hacer ni a quién debo acudir. Sólo quiero saber dónde está Minetu.
Rezo sin palabras, ruego a Dios que la proteja de todo mal y que me ayude a encontrarla.
Han pasado tres días y sigo sin noticias. Así que hoy me he ido muy temprano hasta el control y he esperado hasta que un coche me ha recogido y me ha llevado hasta Tinduf. Ya no me quedan monedas pero el hombre que trabaja allí es saharaui, sin duda se compadecerá de esta madre.
El hombre ha llamado a España. “Espera, van a mirar y van a responder”. Dicen que no la encuentran en ninguna lista. Pero la niña no ha podido desaparecer, estará en alguna parte.
Así que he decidido quedarme hasta que alguien la encuentre y pueda hablar con ella. El hombre piensa que estoy loca pero a mi me da igual.
Es de noche, Jatri tiene que cerrar pero antes me dice que va a llamar a un responsable español para ver si sabe algo. Los minutos se hacen eternos. Veo que escribe unos números en un papel, mi corazón parece que va a estallar. Llama otra vez, no sé cómo voy a darle las gracias, y por fin sé en qué lugar está mi hija. Pregunto por ella y me dicen que está dormida y que no la quieren despertar. No lo entiendo.
Llama mañana a las diez.
Y ahora estoy aquí en la calle, sentada, envuelta en mi melfa, esperando que se haga de día, esperando a que la niña se despierte, esperando siempre, desde que nací.

8 comentaris:

Merche Pallarés 28 de julio de 2010 13:59  

¡Qué angustia la de esa madre! Y que bien lo has relatado, querida Antònia. Besotes, M.

RGAlmazán 28 de julio de 2010 22:12  

Preciosa forma de expresar los sentimientos de esa madre, angustiada, que no sabe el paradero de su hija.
Una demostración de que lo que las madres son capaces de hacer, en circunstancias difíciles.

Salud y República

Montserrat Sala 29 de julio de 2010 23:44  

Totes aquestes mares que s'han de separar dels seus fillets, son de planyer, verdaderament. Es una historia agredolça, perque sempre o quasi sempre al acabar les vacances tornen am elles i llavors en gaudeixem més que una mare que els ha tingut els dos mesos amb elles.
Abraçades,

Antònia Pons Valldosera 31 de julio de 2010 10:55  

Merche, esta madre es sólo un ejemplo de lo que deben pasar todas las madres saharauis, separadas de sus hijos en vacaciones y separadas de sus hijos para que éstos estudien en Argelia, Libia, Cuba, España, EEUU.
Algunos parten siendo niños y regresan hombres y mujeres.
Cuando no había móviles sólo podían ir a Tinduf de noche porque durante el día es tanto el calor que no se puede salir. Hay familias españolas que se extrañaban y escandalizaban de estas llamadas a altas horas de la noche. Sin embargo en cuanto lo explicas lo entienden aunque no lo hayan vivido. te aseguro que el calor que hace ahora aquí es una broma comparado con los más de 50 grados que hay en ls Campamentos. Es un infierno.
Un beso.

Antònia Pons Valldosera 31 de julio de 2010 10:58  

Rafa, las madres son capaces de los mayores sacrificios. Ya el serlo, el parir en una situación como la que viven significa arriesgar la vida. Y sin embargo tienen familias numerosas. Es la manera que tienen de asegurar su supervivencia como pueblo.
Estas madres agotadas y envejecidas prematuramente... anémicas y mal nutridas que dan el pecho a sus hijos y a los hijos de otras madres que no pueden.
Son todo un ejemplo de amor y solidaridad, de sacrificio de dignidad y de Amor con mayúscula.
Un abrazo

Antònia Pons Valldosera 31 de julio de 2010 11:01  

Montse, una separación de dos meses ya es dura y más cuando no sabes a dónde van ni con quién. Después cuando ya saben y conocen a las familias acogedoras es más llevadero.
Lo peor es cuando los niños, por las causas que sean se tienen que quedar. Entonces es verdaderamente durísimo.
Gracias a todos por vuestros comentarios.

teofermi 8 de agosto de 2010 01:51  

Buenas noches Antonia, es un precioso relato que me ha gustado mucho, yo tambien soy madre de acogida y comprendo la angustia de estas madres cuando pasan los dias y no saben nada de sus pequeños, me he permitido llevarmelo a mi blog con un enlace hacia el tuyo para compartirlo, sino te parece bien solo tienes que decirmelo y sera eliminado..
gracias y un beso

Antònia Pons Valldosera 8 de agosto de 2010 09:57  

Por supuesto Teofermi que puedes reproducir todo lo que quieras.
Para eso estamos.
Un abrazp

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