REVISTA SHUKRAN

viernes 16 de julio de 2010

EL MUKÁTILIN


Las arenas del tiempo han borrado nuestras huellas, han blanqueado nuestras sienes y arrugado nuestra piel. Sueño con las noches gélidas del desierto estrellado, con lunas redondas que nos cubrían de plata. Añoro el tacto frío del viejo Kalashnikov. En las tardes perezosas que se arrastran y parecen no tener fin, vuelvo a oír las voces de los guerrilleros. Mis heridas han cicatrizado aunque, en ocasiones, me duelen.
Soy un soldado que no puede combatir, soy un saharaui que vive en el exilio, en esta especie de limbo en el que no hay batallas pero tampoco hay paz. A veces me despierta el estruendo de los aviones que vuelan bajo y pienso que tengo que ponerme a cubierto. Me levanto con todos mis sentidos alerta. Veo a mis hijos que duermen y las siluetas de las viejas haimas. No estoy en el frente, ya no. Encallado entre la arena me limito a esperar. El eco de mil batallas ganadas resuenan en mis oídos. Recuerdo a los mártires y me pregunto si su sacrificio sirvió para algo.
¿Por qué el fuego enemigo me respetó? Sólo Dios lo sabe.
Quisiera volver a cruzar el Sahara con un rebaño de camellos, solo, como solía, con un poco de arroz, azúcar y té en la mochila. Nunca he necesitado demasiado para vivir.
Lo único que anhelo es esperanza, algún indicio, un movimiento que me indique de que nuestra situación va a cambiar.
Mis mujer envejece sin remedio en esta tierra ajena, mis hijas mayores son casi adultas. No acierto a ver una salida.
Salí de mi ciudad blanca siendo un niño. Quizás no regrese nunca o tal vez cuando pueda hacerlo sólo sea un viejo que no va a servir para nada. ¡Se han quedado tantos aquí!
Y yo no quiero, aunque sea sólo un minuto deseo ser  un hombre libre en mi país libre. Nunca podré perdonar, mucho menos vivir con ellos, los enemigos.
Sí, añoro el tacto frío y suave de mi viejo amigo el Kalashnikov y su tableteo rítmico. Echo de menos aquellos días inciertos en los que vivíamos apurando cada segundo porque pensábamos que quizás no habría un mañana.
Al menos me sentía vivo. Ahora sé que hay cosas más terribles que las balas enemigas.

3 comentaris:

RGAlmazán 17 de julio de 2010 09:17  

Magnífico texto donde se explica perfectamente los sentimientos angustiosos a los que se ve abocado a vivir un saharaui.

Salud y República

Merche Pallarés 17 de julio de 2010 19:39  

¿Lo has escrito tu? Alucinante. Por un momento pensé que quizá era un texto del saharauí que a veces publica FRAN. TIENES que publicar un libro, querida Antònia. Besotes, M.

Antònia Pons Valldosera 20 de julio de 2010 12:47  

Quridos, no tengo demasiado tiempo estos días. Dos niños en casa suponen el doble de trabajo del que tengo habituamente. Por tanto aunque no comente en vuestros blogs sí los voy siguiendo cuando puedo.
Rafa, sí es cierto, he oído estas palabras de boca de algunos antiguos combatientes. No se entiende cómo pueden añorar la guerra pero así es. Prefieren perder la vida en una batalla que desperdiciarla lentamente en el limbo.

Merche, podría haberlo escrito cualquier saharaui de los que combatieron en la guerra y siguen allí, esperando el día en que por fin, puedan regresar. No quieren acostumbarse al destierro y tampoco van a dejar que sus hijos lo hagan.

Un abrazo.

  © Blogger template 'Solitude' by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP