DEJADME DORMIR
Quiero volver, con papeles o sin ellos. Añoro la Hamada, los días largos del verano en los que el sol puede matar. Echo de menos la planicie inmensa, ocre y el cielo azul, las talhas y las matas de atil, las voces de los niños al atardecer. Daría lo que fuera por oler, una vez, el té de mi madre, por escuchar el canto de la vieja barrad. Quiero volver a sentir el aroma del lebjur, deseo caminar hasta los corrales de las cabras.
No puedo evitar esta nostalgia que me invade cada vez que cierro los ojos y veo las melfhas de colores de Zahra. Su nombre suena como una caricia.
Sí, ya sé que tuve suerte, que estoy enfermo, que si me pongo peor, allí en el desierto, me será difícil volver. No me importa nada. Si tengo que vivir viviré y si no, no habrá nadie que pueda salvarme.
A veces me siento para ver la tele pero mis ojos están fijos en el teléfono: suena, suena, suena… ¡Quiero hablar con vosotros, hermanos, contigo madre, quiero escuchar la voz de mi padre! ¿Por qué no me oyen si mi alma está gritando?
Mi familia de acogida es buena, me tratan bien pero no comprenden mis silencios. Les oí decir que no soy agradecido. Y se equivocan, nunca les olvidaré aunque yo no pertenezco a este mundo cómodo donde tengo casi de todo. No, soy saharaui y mi lugar está entre mis hermanos.
Estoy mucho mejor que antes de venir, dicen, aunque ningún médico puede saber que, por dentro, estoy muriendo un poco cada día.
No me atrevo a hablar claro, no sé cómo responder a las preguntas que vendrán después. ¿Qué te han dicho? ¿Qué has dicho tu? Sólo que estoy muy bien, que he sacado buenas notas en la escuela. Pero si Zahra me mirase a los ojos no necesitaría palabras.
Quiero estar bajo la venia naranja de la haima y sentir bajo los pies el tacto amable de nuestra alfombra de colores. Deseo coger la mano de dadda y susurrarle al oído cuánto la echo de menos.
A veces me despierta el sonido del viento y me sorprendo pensando que hoy no podré salir porque hay siroco. Pero no, sólo es aire que arrastra las hojas muertas de los árboles.
No estoy enfadado por mi enfermedad. Si Dios me la envió cuando era muy pequeño, nadie tiene la culpa. Yo no sé porqué he vivido con ella hasta donde alcanza mi memoria. Sólo estoy triste, porque pasan las horas, los días, las semanas y los meses y mis papeles no llegan. Ten paciencia. Los saharauis tenemos mucha, dice mi padre siempre. ¿Y qué hacer cuándo se termina? ¿Dónde la voy a encontrar?
Tengo sueño. Dejadme dormir.









10 comentaris:
Precioso relato, Antònia. Muy sentido, real y estremecedor.
Petons.
Salud y República
Muy bonito pero triste a la vez,con gran sentimiento, como tú sabes hacerlo, felicidades Antonia
Excelente.
Rafa, el caso es real y me duele porque este chico es para mi un hijo más, aunque no viva con nosotros.
Carlos, el chico, adolescente vive aquí muy cerca pero hace meses que no puedo hablar con él. Podría a la brava pero no es conveniente. Sin embargo voy a hacer todo lo que sea posible para que tenga papeles y para que pueda volver a los Campamentos para estar con su familia.
Se me rompe el corazón al pensar en lo mucho que me equivoqué cuando pensé que, para un verano, estaría mejor dónde está. Porque luego llegó el invierno y la primavera y el aislamiento, pese a estar a menos de 10 minutos de coche.
Ahora han lanzado el SOS, por eso sé lo que le ocurre. Necesita estar con su gente. Y a 20 minutos vive una familia saharaui que le acogería encantada los fines de semana pero, incluso esto no ha sido posible. Ni siquiera he podido hacerle un regalo. La historia es complicada y ésta es mi percepción. Supongo que la familia que lo ha acogido tendría otra y por eso no quiero ser injusta.
Siempre les estaré agradecida por su solidaridad aunque a mi me parezca mal entendida. El afecto no es excluyente, creo, y el niño puede quererles a ellos y también a otras personas. Yo no lo sabía pero según me comentaron quienes sí lo saben, el caso es más frecuente de lo que pensamos.
Un abrazo.
Urbanoyhumano, muy injusto para estos niños exiliados doblemente: nacidos en tierra prestada, enfermos y separados de sus familias naturales. Educados a la occidental y exigiéndoles comportamientos de su sociedad. Injusto y ezquizofrénico.
Tenemos otro pero éste no me preocupa porque tiene relación con todos y le veo muy feliz.
Ya sé que el caso puede parecer sencillo y si viviéramos en Barcelona habría atajado el problema de raiz. Pero en nuestro entorno, sociedad rural, con fuertes lazos de solidaridad vecinal y, en ocasiones hasta con restos caciquiles, hay que ir con mucho cuidado y aún así sé que saldremos malparados.
Un abrazo.
Me imagino que tiene que ser una historia complicada, porque los padres reales querrán que su hijoi esté aquí con todo el dolor de su corazón para que mejore, o no?
Además si el estuviera en la Hamada empeoraría,...
muy difícil situación...
Carlos, una historia complicada porque el chico no va a mejorar. Hay que ajustarle la medicación y esperar a que crezca para solucionar su problema de salud.
Los padres dieron el permiso porque yo les convencí. Para que pudiera tener un pasaporte para entrar y salir sin problemas. No está en casa porque pensé que dada nuestra situación familiar, se lo pasaría mejor con alguien que pudiera llevarle a la playa, a la montaña etc, alguien más joven. Luego se quedó y yo quise, por algunos indicios, que se quedara en casa. Pero finalmente, después de una conversación y la promesa de que viajarían a los Campamentos para conocer mejor el mundo del cual venía y a instancias de sus ruegos cedí.
Ni han viajado, ni le han permitido el contacto, ni siquiera han permitido otras cosas que no es prudente poner aquí.
La madre natural no puede más y yo le dí mi palabra de honor de que si el niño quería o ella lo solicitaba yo misme le bajaría.
Y eso, no sé cómo, voy a hacer en cuanto me lo pidan.
Ya sé que es un contrato desigual o desiquilibrado: las familias acogedoras tienen muchos deberes y pocos derechos. Pero eso ya lo sabían, suelo recalcarlo siempre.
Y lo que importa es el bien del menor, sobre otras consideraciones.
No sé como terminará todo. espero que bien para todos pero si no puede ser así siempre va a primar el bien del chico: físico, mental y emocional.
Un abrazo.
pues si es más complicado de lo que parece, sólo deseo que consigas que se vuelvan a reencontrar madre e hijo, porque no sólo es importante la salud física sino que también se necesita tener estabilidad emocional y afectiva, besos y suerte!!
además la familia de acogida tendría que tener presente que este chico tiene padres que le quieren...
Sí Carlos, la teoría se la saben pero ponerla en práctica ya es más difícil.
Nos equivocamos mucho.
Estuvimos ciegos y fumos demasiado indulgentes.
Si te dijera que la madre tiene 2 hijos que son muy mayores y hacen su vida, que tiene un tercero "especial" a causa de una meningitis y que este es el más pequeño que siempre ha estado con ella, que le ha protegido y cuidado desde que se puso enfermo, se comprende aún más el sacrificio de esta madre, a la que quiero muchísimo, y de este hijo que la añora a cada minuto.
El chico es muy educado e inteligente pero el corazón tiene razones que la Razón no conoce.
Y ahí estamos, capeando el temporal como buenamente podemos.
Un abrazo
Me ha sobrecogido el relato y además saber ¡que es verdad! Pobre muchacho...
Poc a poc, me pondré al tanto de tus posts. Muchos besotes querida Antònia, M.
Querida Merche, después de unos días absolutamente fatigosos ya vuelvo a estar aquí.
Al final la cosa está en vías de solución. Es una lástima que, cuando hay un conflicto de ese tipo, alguien siempre salga lastimado. No me gusta nada que las personas sufran, pero si quien lo hace es un niño y puestos a escoger para mi la opción está muy clara.
A veces un hecho, que aislado no significaría nada, es la gota que hace rebosar el vaso y tomar el toro por los cuernos y decir: hasta aquí hemos llegado.
Lo único que me importa ahora es que el chico sea feliz. Que sólo tenemos 1 vida y ésta ya ha sido bastante dura.
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