REVISTA SHUKRAN

miércoles 4 de noviembre de 2009

EL OCASO DE LOS DIOSES

Octubre moría mientras la ciudad agonizaba. Sólo alambradas, tanques y soldados.
Las siluetas de las máquinas de guerra se recortaban, oscuras, bajo la luz tímida del alba.
Una mujer joven de apariencia frágil, blanca silueta cubierta con la melfa, era la única nativa que caminaba por las calles de la ciudad dormida.
Un hombre contemplaba el amanecer con una pipa entre los dientes. De pronto la vio. Sola como un fantasma, la mujer se acercaba lenta e inexorablemente.
Al llegar a su altura, justo a las puertas del parador la chica se detuvo. El hombre se llevó una mano al corazón para saludarla con un tímido salam. Y entonces ella levantó los ojos y los clavó en el rostro del europeo.
Tenía una rara belleza: piel de arena, ojos oscuros y rasgados, labios apretados, coléricos. Durante unos instantes el tiempo se detuvo.
¿Cuándo va acabar todo eso? ¿Por qué nos hacéis esto? ¿Por qué?
Y sin esperar respuesta siguió adelante hacia los rollos de alambre custodiados por legionarios.

Nunca he podido olvidarla. Cuando pienso en aquellos días visualizo su rostro y el tono de su voz. Los últimos días del Sahara tienen su cara.
Me pregunto que habrá sido de ella, si vivirá y dónde. Cómo se llamaba y por qué deambulaba en la ciudad desierta. Incluso la mencioné en mi crónica. Quería haberle preguntado, quería haberle dicho que nosotros no… pero no me atreví. A veces me digo si no fue una visión. Algo así como el espíritu del desierto que llegó para reprocharme.

Mi corazón latía deprisa. No iba a ninguna parte, sólo quería ver qué ocurría. No había nadie en las calles. Sólo un hombre joven de pie ante el Parador. Le disparé toda mi cólera a bocajarro. Y recuerdo que empalideció y que bajó la cabeza.
Fue un amanecer  y, sin embargo, a mi me pareció el crepúsculo de unos dioses con pies de barro.

15 comentaris:

Merche Pallarés 4 de noviembre de 2009 17:39  

Triste y nostálgico relato. Leo que ya en el '75 hablaban de un referendum... Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. 4 de noviembre de 2009 21:24  

Querida Antònia, todos los dioses tienen los pies de barro.
Qué bello texto.

Generación de la Amistad Saharaui 4 de noviembre de 2009 23:49  

Cuánta pena

bilbo 6 de noviembre de 2009 20:13  

"Del temor se pasó a la rabia reprimida"
Sin palabras.

Un abrazo Antònia

Euphorbia 6 de noviembre de 2009 21:51  

Quizá fuera su consciencia lo que vio. Un petó, Antònia.

FAMILIA BARREDA-JAÉN-HAMADA 6 de noviembre de 2009 21:54  

Estos días son especialmente tristes... creo que una manera de gritar nuestra impotencia puede ser la de la manifestación de este sábado- ! Cuánto me gustaría conoceros!
Un abrazo, Antònia, excelente post, como siempre.

Juan Francisco 8 de noviembre de 2009 21:45  

De todas las ignominias a las que el pueblo saharaui se enfrentó, ninguna tan vergonzosa como las promesas y posterior abandono de Felipe y su séquito de pancistas que gracias a esas promesas y otras parecidas (de entrada no a la OTAN) se hizo con el gobierno de España para luego poner a los saharauis en manos de Hassán.
Espero que se le cumplan los deseos que yo personalmente pido para el.
Un abrazo Antonia.

Antònia Pons Valldosera 10 de noviembre de 2009 10:26  

Merche, hablaban de referéndum desde hacía mcho tiempo. A tal efecto España realizó un censo que después sirvió de punto de partida al de la MINURSO.

Antònia Pons Valldosera 10 de noviembre de 2009 10:28  

Pedro, todos los periodista que vivieron aquel crepúsculo del sueño colonial relatan la tristeza de lo que pudo ser y no fue. Una descolonización sin traumas y manteniendo buenas relaciones ¿era tan difícil?

Antònia Pons Valldosera 10 de noviembre de 2009 10:30  

Generación: cuánta pena por ambas partes. Los españoles que vivieron una vida allí y tuvieron que irse jamás han olvidado. Ya sé que no es comparable la situación con la de los saharauis, los unos en el refugio, los otros bajo la bota marroquí pero la pena sigue presente en sus vidas.

Antònia Pons Valldosera 10 de noviembre de 2009 10:32  

Bilbo, cuando los saharauis se dieron cuenta de que los españoles les abandonaban debió ser terrible. Temor, rabia, incertidumbre...
¡Cuántas vidas truncadas por aquella irresponsabilidad!

Antònia Pons Valldosera 10 de noviembre de 2009 10:33  

Euphorbia, tal vez aunque los civiles y periodistas que estaban en el Aaiún tampoco sabían mucho más que los saharauis. Todos fueron víctimas de los últimos estertores de aquella dictadura.

Antònia Pons Valldosera 10 de noviembre de 2009 10:35  

Familia, estaré en Madrid. Ya hemos comprado los billetes de tren. Nos llevamos a dos niños saharauis para darles un poco de esperanza a ellos y a sus padres. Madrid seá saharaui y deseo que lo vean con sus propios ojos. Es una manera de pedir perdón por algo de lo que no tuvimos la culpa pero que, de algún modo, tenemos la corresponsabilidad.

Antònia Pons Valldosera 10 de noviembre de 2009 10:38  

Felipe G. tardó aún unos años en llegar a Moncloa. Entonces aún estaba la dictadura. Arias navarro era el presidente del gobierno. F.G. les utilizó de manera innobles pero quien les vendió no fue él. El Jefe del estado viajó al Aaiún y también prometió. Prometer cuesta poco.

Antònia Pons Valldosera 10 de noviembre de 2009 10:38  

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.
Besos.

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