DERRIBANDO MUROS
Ayer se cumplieron 20 años de la caída del muro de Berlín. Como dice el tango: 20 años no es nada. Recuerdo perfectamente el día de noviembre radiante de sol y los comentarios que provocó en los compañeros antes de entrar en clase. Recordé aquella vieja canción: la muralla de Berlín la derribará el amor… Y pensé ¡por fin! Estamos viviendo un momento histórico, un momento que nuestros hijos y nietos estudiarán en los libros y nosotros podremos decir que lo vivimos.
El mapa de Europa cambió. Volvieron a aparecer los nombres de antiguos países que yo recordaba de muy pequeña: Estonia, Letonia y Lituania. Las películas de Hitchcock como Cortina Rasgada se verían antiguas.
Ayer, 9 de noviembre compré los billetes para asistir a la manifestación de Madrid.
El domingo por la noche me llamó Lekbir y en un catalán casi nativo me dijo que le gustaría mucho venir con nosotros. Al principio no reconocí su voz que ha cambiado en estos meses. También vendrá Mahfud otro niño que se quedó por razones de salud.
Tomaremos el AVE y en un suspiro estaremos en Atocha. Y gritaremos: Zapatero escucha, el Sahara está en lucha, Zapatero atiende, el Sahara no se vende. Por entre las banderas saharauis veremos otras que algunos enarbolan aprovechando la ocasión. A mi no me molestan, no soy mucho de banderas. Sólo me emociono con las del Sahara, aquellas viejas, descoloridas y deshilachadas que ondean al viento furioso de la Hamada porque representan la firme voluntad de un pueblo que quiere ser.
Recordaremos a los activistas presos y, como no, ese otro muro del que sólo nosotros hablamos. Una montaña serpenteante de arena y piedras equipada con los ingenios armamentísticos más sofisticados.
Mi hija me contaba que en la reciente visita a los Campamentos de Santi Millán y Jon Sistiaga fue con ellos un técnico amigo de su marido que la llamó porque nunca había viajado y tenía millones de preguntas. Volvió absolutamente enamorado del desierto y de sus gentes.
El chico le contó que había estado en el muro y que había visto a los soldados marroquíes apuntándoles con las armas.
- ¿Cómo no sabía nada? Mis ojos se negaban a creer lo que estaban viendo- le comentó.
Hay muros más contundentes y más temibles que los físicos de tierra o de cemento. Los que están hechos de silencio cómplice son más difíciles de derribar porque son invisibles. Por esta razón estaremos en Madrid el próximo día 14, sin picos, ni palas, ni armas. Sólo con nuestra voz, cual guerreros bíblicos, derribando murallas.











7 comentaris:
Sabes que me gustaría estar contigo y con tantos otros en Madrid el sábado, y después de recorrer la calle Atocha, soñando ese día en el que el pueblo saharaui pueda decidir libremente sobre su futuro, brindar con el vino más rojo.
Pero este sábado, yo no podré ir. Sé que hay muchos que cubrirán mi hueco pero aún así, sentiré no poder acompañaros.
Y puesto que citas a Gardel, aprovecho para terminar con los versos de "Volver":
"Y aunque el olvido, que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón."
HolaAntonia, tambien recuerdo perfectamente la caída del muro, han pasado 20 años y parece que fué ayer. El día 14 estaré con vosotros de corazón gritando lo mismo, aunque ZP no hará caso de nada, como siempre, ánimos y que tengais un feliz día.Petonets.
Rompamos el muro.
Es necesario derribarlos...muros de inmundicia...y construidos con la soberbia y el poder...un abrazo
¡Suerte! Estaré con vosotros en espíritu. Besotes, M.
Otro muro de la vergüenza. Abajo con él. Suerte en sábado.
Petons.
Fran, la esperanza de volver o de permanecer con "el alma aferrada a un dulce recuerdo".
Te echaremos de menos.
Un abrazo.
Geni, no sé si nos harán caso pero nosotros lo seguimos intentando.
Petons
Conxi, lo rompemos un poco cada día.
Besos.
Tucci, los derribaremos hasta que no quede ni rastro de ellos.
Un abrazo.
Merche, estoy segura de que el ambiente te encantaría. El color, la luz, y los cientos de personas llegadas de todas partes de España.
Besos.
Euphorbia, los niños saharauis lo fliparán seguro. Cuando ven tantas banderas y tanta gente ponen unos ojos como platos. Y eso que los dos han asistido a las manis de Barna pero con la de Madrid no hay punto de comparación.
Petonets.
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