ATRAPADA
“Lo que Dios nos envía debemos sobrellevarlo con paciencia”, dice la vieja Maluma. Ella es lo más parecido a una madre. Su voz y sus manos aquietaban mis noches pobladas de pesadillas de las que me despertaba llorando, después aprendí a resignarme. “Los sueños son sólo sueños, no son verdad”.
A veces veo rostros amables que se desdibujan, se confunden, se trasmutan en otros de ojos crueles y voces ásperas.
Una niña que soy yo va con otra gente en un coche que corre deprisa perforando el silencio y la oscuridad de la noche. Los soldados españoles nos impiden el paso junto a la alambrada de espino. Todos queremos marchar pero no nos dejan, no podemos. Hay alarma y desolación en aquellos rostros imprecisos y aunque no entiendo qué ocurre, siento que es urgente, que tenemos que irnos.
Las casas blancas parecen fantasmas bajo la luna llena. Pienso que he dormido mucho y que pronto se hará de día y entonces todo se vuelve gritos y golpes en la puerta.
- ¡Corre Zahra, corre!
Quiero obedecer pero mis piernas no se mueven, quiero volar y alejarme pero soy como un pájaro sin alas. Una voz familiar me dice que no haga ruido, que me esconda dentro del sandook y que no me mueva hasta que vuelva el silencio.
-¡Iala, iala!
Me tapo los oídos con las manos, no quiero escuchar, no quiero. Mis manos son demasiado pequeñas para detener el estruendo y los gritos que se quedan clavados como un cuchillo en una parte recóndita de mi cerebro.
Me despierto en el sueño, no se oye nada y lenta, muy lentamente, atisbo por encima del baúl. Mamá no está allí ¿dónde está? Si la estoy oyendo:
- ¡Corre Zahra, corre!
Entonces obedezco y empiezo a correr como una loca bajo el sol y por entre las casas que tienen banderas rojas con estrellas verdes.
La vieja Maluma me mira sin hablar. Ella lo sabe todo pero tiene miedo, por eso siempre me dice que los sueños no son verdad aunque lo sean.









14 comentaris:
Cuando busqué en la Red fotos para acompañar ese relato que has tenido la generosidad de regalar a la revista SHUKRAN, encontré esa foto. Estuvo a punto publicarse junto a este testimonio estremecedor. Me gusta pensar que es un indicio de tantas cosas que nos unen.
Un abrazote solidario.
¡Cuanto realismo en tus relatos Antònia, sólo se puede hacer desde la empatía y el cariño que les profesas..!
Muchos besos, muchos..
Tengo una ganas de leer ese libro...
Y cuánto miedo dan algunos sueños.
¿no será Alá?...
(qué regustillo tan bueno deja tu escritura)
A veces la realidad es tan terrible que quisiéramos que fuese un sueño y al despertarnos sentir unos brazos rodeándonos, protegiéndonos.
¡Cuánto dolor recae sobre los niños!
Besos, cielo.
LLego tarde. ¡Pobre criatura qué pesadilla! y qué bien lo relatas... Besotes solidarios, M.
Mientras escribía era esta la imagen que tenía en mente.
Un abrazo, Fran.
Selma, imagino, no puedo saber cómo fue aquella invasión. A los saharauis que la sufrieron no les gusta hablar de ella. Debió ser terrible..
Un beso fuerte.
Bubisher, está atascado. Y yo también.
Un besito.
Pedro, mucho miedo...
Sobre todo si no son sueños sino realidades...
Un abrazo.
Bipo, Alá, Dios, ¿qué más da?
Gracias guapa.
Un beso fuerte.
Isabel, tengo pesadillas aunque raras veces las recuerdo.
No hay nada como los brazos de una madre o un padre para sentirte protegida.
Un beso grande.
Merche, afortunadamente en los blogs no hay horarios. Ven cuando quieras. Besos.
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