REVISTA SHUKRAN

viernes 10 de julio de 2009

MADRES

Faros en el desierto

Con desesperada paciencia
alumbras caminos de esperanza.
Ven conmigo,
susurras,
y yo te sigo,
sigo tu luz por cielos añiles.
Zahra Hasnaui.

Los niños saharauis alborotan, juegan, ríen y lloran.
Al atardecer cuando sopla la brisa y el sol se esconde, se quedan en silencio, añorando otros ocasos y otras voces.
Antes de dormirse contemplan las estrellas. En el desierto, las madres llevan melfas de plata.
Los días vuelan raudos hacia el otoño y el tiempo se tiñe de nostalgias y vacíos.
Hasta la playa desierta recuerda su presencia y el viento trae el eco de sus voces desde las lejanas dunas.
Pregúntale a la adelfa del jardín por qué no tiene flores.
Las madres españolas se ponen collares de colores y pulseras negras.
Por la noche, sonríen a la luna mientras acarician rosas de arena.

Dedicado a la Generación de la Amistad en su cuarto aniversario, con toda mi admiración.
Dedicado a todas las familias españolas que tienen un hijo en la Hamada.
Y, como no, dedicado a Lab, mi faro particular, a la que sigo por los cielos añiles, perdida por la inmensa llanura de arena.

16 comentaris:

m.eugènia creus-piqué 10 de julio de 2009 13:30  

Que palabras más bonitas Antonia, me he encantado tu post, desprende mucho amor y comprensión. Un petonet guapa.

Francisco O. Campillo 10 de julio de 2009 15:01  

"Las madres españolas se ponen collares de colores y pulseras negras"... y cada día nos dan una lección práctica de solidaridad.

Edgardo 10 de julio de 2009 17:17  

Sigo sorprendiéndome con las muestras de gratitud y admiración a la Generación de la Amistad, como ya dije en otro lado, intentare leer mucho de sus obras, porque creo firmemente que a través de ella podré captar esencias de esa región tan maltratada.

Me alegra y me parece excelente tu homenaje. Siempre debemos buscar esa luz que nos guié, y aunque no veamos nada, aunque todo sea oscuridad, penumbra, sombras, siempre hay una luz en algún lugar iluminando tenuemente nuestro camino, nuestro entorno, por eso debemos aprender a mirar correctamente, a no enceguecernos.

Los niños saharauis son niños, como todos los otros, inmersos en una realidad que no es igual a la de los otros niños. Yo estoy convencido que la inocencia del niño permanece pese a la realidad que le toca vivir, todos los niños, soldados, ladrones, ricos, españoles, argentinos, hondureños, norteamericanos, pobres, todos son niños y si se los dejara ser niños seguirían los mismos patrones y conductas.

“Las madres españolas se ponen collares de colores y pulseras negras.
Por la noche, sonríen a la luna mientras acarician rosas de arena”, exquisita representación de una realidad demasiado dura para ser advertida en toda su complejidad si no fuera de esta manera.

Un saludo.

HologramaBlanco

Anónimo 10 de julio de 2009 21:20  

En hassanía no existe la palabra gracias. Quizá por eso los saharauis llegan hasta la luna, si es preciso, para mostrar el agradecimiento.

Pero el amor no se agradece, se comparte.

Un petonet y un abrazo.
Zahra

Manuel de la Rosa -tuccitano- 10 de julio de 2009 21:22  

una madre siempre es una madre...y tu lo eres..de ahi esa belleza de texto..un abrazo

conxawah 10 de julio de 2009 21:36  

En los campamentos, cuando vamos, nos llenamos de anillos, pulseras y collares que nos van regalando allí donde vamos. Yo no me los quito hasta varios días después de volver, y creo que todos los lucimos con enorme amor y orgullo. Cada regalo te hace recordar a la persona que te lo entregó y crea un lazo para siempre. un beso fuerte

Selma 10 de julio de 2009 22:24  

Emoción en estado puro es lo que siento al leer tus palabras , Antònia.. ¡Qué hermosas!

Besos cariñosos y cálidos...muchos..

Merche Pallarés 11 de julio de 2009 10:12  

Precioso el poema de Zahra Hasnaui y lo que tu dices. Ayer, en Formentera, conocí a la bellísima Helena (salondesol) y a su prolífica familia más un niño saharaui (en este momento no me acuerdo de su nombre) muy bello. Sus ojos oscuros, profundos ¡transmitían tantos sentimientos! Se abrazaba a su padre acogedor ¡con una ternura! Ahora te entiendo mucho más lo que sentís tu, Fran y muchos otros por este pueblo entrañable y magnífico. Muchos besotes, M.

Antònia P. 13 de julio de 2009 10:22  

Geni, gracias. Estos niños, pese a la dura realidad que les ha tocado vivir, cuentan con dos familias que les quieren.
Un petó.

Antònia P. 13 de julio de 2009 10:23  

Fran, cierto. Las familias españolas y de otras nacionalidades que acogen un niño del desierto son ejemplo de valentía y solidaridad y a veces no es fácil.
Un abrazo.

Antònia P. 13 de julio de 2009 10:26  

Edgardo, la poesía es un medio excelente para dar a conocer una realidad dura pero también llena de vivencias inigualables. Es duro separarse de un hijo y eso vale tanto para las madres biológicas como para las de acogida.
Un abrazo

Antònia P. 13 de julio de 2009 10:34  

Zahra, en hassania creo que tampoco hay demasiadas palabras para decir adiós.
Los que venimos de occidente, acostumbrados a dar las gracias hasta cuando te dan la vuelta en la compra, al principio te sorprendes. Pero...te sientes, desde el primer instante, tan rodeada de amor y de respeto, que entonces te das cuenta de que la palabra gracias en nuestra sociedad ha perdido significado.
Un petó ben fort.

Antònia P. 13 de julio de 2009 11:17  

Una madre y un padre ¿cómo explicarlo?
Cuando era niña me parecía inconcebible que mis padres hubieran tenido una vida anterior sin que yo estuviera.
Y ahora me pregunto, a menudo, cómo podía vivir mi vida de antes sin mis hijas.
Un abrazo

Antònia P. 13 de julio de 2009 11:22  

Conxawah, yo no me las quito ni para ducharme. Venimos con un montón y cuando vuelvo sólo llevo 4: 2 muy finitas que llegaron del Aaiún de verdad (como dice Abdu) otra que compré en Tifariti (T.Liberados) y otra de los Campamentos que es muy querida porque fue de las primeras. Las demás las voy regalando cuando alguien me pregunta de dónde las he sacado. Las llevé también en la boda de mi hija. Se han convertido en un signo de identidad.
Un abrazo.

Antònia P. 13 de julio de 2009 11:24  

Selma, nadie puede explicar el porqué con los niños saharauis se establecen esos vínculos afectivos tan fuertes. La razón te dice que son sólo dos meses. Que con Lab hemos estado juntas 6 meses en toda nuestra vida pero el corazón dice otra cosa.
Un beso

Antònia P. 13 de julio de 2009 11:25  

Visité su blog y encontré una foto de hace un par de años. Creo recordar que se llama Mulay.
Un beso fuerte.

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