jueves 9 de julio de 2009

EL COLLAR

El niño es el tercero de la fila

Una parada técnica en La Panadella. La foto es de Pep

El niño iba guapísimo con el pelo recién cortado, su pantalón nuevo y una camiseta azul. De la niña no recuerdo su ropa, sólo su sonrisa y el brillo de su mirada oscura.
Subieron al coche, detrás junto a Ceci, nuestra hija. La niña se durmió al instante. Debía estar muy cansada después de horas de espera en Tinduf y luego en Barcelona.
En cambio, el niño fue todo el viaje despierto mirando hacia todas partes. No hablaba nada de español. Para la niña era su segundo año aunque no volvía con la misma familia.
Ceci le dijo a su padre que si estaba cansado podía relevarle al volante. No fue necesario, todos llevábamos la suficiente cafeína en el cuerpo para mantenernos despiertos a pesar de que ya era el tercer día que pasábamos la noche en vela.
Bromeamos un poco: ¿Te has fijado, mamá, (mare) en este niño? Está alucinando pepinillos. En nuestro hassania macarrónico le preguntamos qué de dónde era, cómo se llamaba su madre… El niño nos contestaba sin dejar de mirar por la ventanilla. Al cabo de una hora, el cansancio acabó con su curiosidad. Se quedó dormido recostado en el hombro de nuestra hija. Llegamos al pueblo dónde esperaba el coordinador y casi daba penita despertarle. Se marchó con una sonrisa y diciéndonos adiós con la mano.
La niña despertó también y durante la media hora que quedaba de camino hasta su nuevo hogar de verano, estuvimos hablando. ¿Y tu de dónde eres? De Zug en Ausserd.
Acabáramos, por eso su español era tan bueno. En la escuela de esta daira está en marcha, desde hace tiempo, el proyecto Sahara habla español. Le pregunté si en su escuela había maestros españoles que les daban clases. Nos dijo que sí, con una sonrisilla pícara.
Estuvimos comentando este proyecto y criticando un poco al instituto Cervantes que aún no se ha enterado que en el Sahara, se habla la lengua del Quijote.
La niña mientras tanto rebuscaba en su mochila. Al fin sacó una bolsa llena de abalorios y nos regalo un anillo para mi marido, una pulsera para Cecilia y un collar para mi. Se lo aceptamos con la misma naturalidad con la que ella nos lo ofrecía.
Nos despedimos con un abrazo. El domingo, si Dios quiere, nos veremos todos en la manifestación.


10 comentaris:

m.eugènia creus-piqué 9 de julio de 2009 17:42  

Un detalle que os dió con toda su ilusión.Petons.

Merche Pallarés 9 de julio de 2009 20:15  

¡Qué collar más bonito! y que bonita tu historia, como siempre. Besotes, M.

Isabel Huete 9 de julio de 2009 20:24  

Siempre me emocionas con tus relatos sobre los niños de la arena... ¡Qué dulzura la de sus miradas y con qué dulzura tú hablas de ellos!
Eres un auténtico amor.
Besos grandes.

Anónimo 9 de julio de 2009 22:13  

Un collar al que llevas atada muchos años......
Bss
Zahra

Selma 9 de julio de 2009 22:25  

Esta generosidad, innata, sincera.. que le sale del corazón...y sabía perfectamente donde está el tuyo al dartelo...

Besitos muchos, muchos...

Antònia P. 10 de julio de 2009 11:22  

Geni, todos los que hemos tenido alguna relación con los saharauis sabemos de su generosidad. No puedes mirar nada porque te lo regalan. A veces, incluso te sabe mal.
De los mayores podrías pensar que es por compromiso pero de los niños no. Los niños hacen lo que les sale del corazón.
Un beso

Antònia P. 10 de julio de 2009 11:24  

Merche, la próxima vez que nos veamos te regalo uno. Como puedes suponer tenemos muchísimos. Aunque este siempre será especial.
Un beso.

Antònia P. 10 de julio de 2009 11:31  

Isabel, estos niños son especiales. Nadie puede explicar como en dos meses pueden crearse vínculos afectivos tan estrechos. Y es así, te lo puedo asegurar. Incluso cuando les cuesta adaptarse porque son muy pequeños y lloran porque añoran a sus madres.
A veces advierto a las familias: si estáis decididos acoged pero sabed que llegareis a quererles como a un hijo propio. Y después no hay vuelta atrás.
Te aseguro que desde que Lab y el resto llegaron a casa no hay ni un solo día de mi vida que no les recuerde.
"Esto les gustaría". ¡Qué bien lo pasaría Abdu!. Todos los días.
Un beso fuerte.

Antònia P. 10 de julio de 2009 11:36  

Zahra, desde que vi a Lab. Y ahora es ya una mujer.
Siento que desde que llegó la suerte del Pueblo Saharaui jamás va a serme indiferente porque allí en la Hamada tengo a mis hijos.
Felicidades por vuestro cuarto aniversario.
Un abrazo fuerte.

Antònia P. 10 de julio de 2009 11:40  

Selma, estoy segura de que es un encanto de niña. también de que su familia va a pasar un verano inolvidable.
Un beso fuerte.
Gracias por vuestros cariñosos comentarios.

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