ACTOS INSTITUCIONALES
Fatma es una chica saharaui, una de los de 630 que este verano pasan las vacaciones en Cataluña. Después de dos años sin venir ha vuelto porque se ha quedado huérfana de padre.
El domingo pasado en la manifestación de Barcelona nos comentó.
- Mira los saharauis: todos gritando siempre: Sahara libre y con la barriga vacía.
Después continuó con su bandera gritando a pleno pulmón
- ¡Magrib barra! ¡Sahara horra!
A veces hace confidencias a su madre acogedora:
- Yo ya soy mayor y puedo aguantarlo todo. Mi padre está, seguro, en un lugar mejor que la Hamada. Pero…los niños ¡pobrecitos! Van a tener que crecer sin su padre.
Después se disculpa porque dice que con lo mayor que es y encima que su familia ha querido tenerla en casa, ella les abruma con sus problemas.
Su madre acogedora le responde:
- Fatma, si yo soy tu familia, tus problemas también son los míos.
- No, los saharauis no hacemos esto. No debemos hacerlo. Cada uno tiene lo suyo.
Lekbir, ayer mismo, me confesó que ha podido hablar con su madre que está en Tinduf porque el calor en los Campamentos es insoportable. Con su padre no porque está en Farsia.
- No te preocupes, Antònia, yo estoy muy bien.
Está enfermo aunque nunca se queja. Jamás le duele nada.
Al final de la manifestación llegaron los discursos aderezados con pequeñas dosis de autocomplacencia. ¡Qué bien lo hace el movimiento solidario, cuánto dinero destinado a cooperación, que bonito el logo del EUCOCO, con reminiscencias gaudinianas y todos los ocres del desierto junto con todos los tonos azules del Mediterráneo!
Una sabe que todos estos eventos son importantes y que sin la necesaria sensibilización los saharauis estarían olvidados y perdidos en lo más profundo de la Hamada argelina pero… No puede evitar el sentimiento de impotencia y rebeldía mientras piensa cuántas Fatmas y cuántos Lekbirs se habrán quedado en los Campamentos.
Me pregunto si, a pesar de haber estado allí muchas veces, podemos llegar a entender qué significa nacer y crecer en un refugio tan hostil.
Los pequeños de mirada profunda y sonrisa abierta esperaban la fiesta sentados sobre el verde césped bajo la sombra de los árboles.
Alguien muy querido dijo una vez que los saharauis están acostumbrados a esperar sin perder la esperanza.
Lo conseguiremos, pienso. Y después una voz me pregunta ¿Cuándo?
El domingo pasado en la manifestación de Barcelona nos comentó.
- Mira los saharauis: todos gritando siempre: Sahara libre y con la barriga vacía.
Después continuó con su bandera gritando a pleno pulmón
- ¡Magrib barra! ¡Sahara horra!
A veces hace confidencias a su madre acogedora:
- Yo ya soy mayor y puedo aguantarlo todo. Mi padre está, seguro, en un lugar mejor que la Hamada. Pero…los niños ¡pobrecitos! Van a tener que crecer sin su padre.
Después se disculpa porque dice que con lo mayor que es y encima que su familia ha querido tenerla en casa, ella les abruma con sus problemas.
Su madre acogedora le responde:
- Fatma, si yo soy tu familia, tus problemas también son los míos.
- No, los saharauis no hacemos esto. No debemos hacerlo. Cada uno tiene lo suyo.
Lekbir, ayer mismo, me confesó que ha podido hablar con su madre que está en Tinduf porque el calor en los Campamentos es insoportable. Con su padre no porque está en Farsia.
- No te preocupes, Antònia, yo estoy muy bien.
Está enfermo aunque nunca se queja. Jamás le duele nada.
Al final de la manifestación llegaron los discursos aderezados con pequeñas dosis de autocomplacencia. ¡Qué bien lo hace el movimiento solidario, cuánto dinero destinado a cooperación, que bonito el logo del EUCOCO, con reminiscencias gaudinianas y todos los ocres del desierto junto con todos los tonos azules del Mediterráneo!
Una sabe que todos estos eventos son importantes y que sin la necesaria sensibilización los saharauis estarían olvidados y perdidos en lo más profundo de la Hamada argelina pero… No puede evitar el sentimiento de impotencia y rebeldía mientras piensa cuántas Fatmas y cuántos Lekbirs se habrán quedado en los Campamentos.
Me pregunto si, a pesar de haber estado allí muchas veces, podemos llegar a entender qué significa nacer y crecer en un refugio tan hostil.
Los pequeños de mirada profunda y sonrisa abierta esperaban la fiesta sentados sobre el verde césped bajo la sombra de los árboles.
Alguien muy querido dijo una vez que los saharauis están acostumbrados a esperar sin perder la esperanza.
Lo conseguiremos, pienso. Y después una voz me pregunta ¿Cuándo?








8 comentaris:
Antònia
Te noto irónica. y una vez más, estamos de acuerdo.
Un abrazote solidario.
Tomo nota de esa quedada que has planteado. No se me olvidará ;-)
Fran, no pretendía serlo. Sólo ocurre que me apena ver a los que anteayer eran niños, hoy convertidos en jóvenes sin que se vislumbre ninguna solución a corto plazo. Y me apena ver envejecer a los jóvenes y morir a los viejos sin que nadie haga nada.
Los niños han llegado con ropa presentable pero ¡tan delgados! Este último año en la Hamada ha debido ser durísimo, más de lo que nos podamos imaginar desde aquí.
Y tal vez se me afile la tecla al oír decir según qué cosas a según quién, por ejemplo al director de la Agencia Catalana de Cooperación después de un mini-escándalo de dinero, naturalmente. Se me revolvió algo dentro mientras le oía. Tantos miles a los Campamentos.
Las familias que hemos viajado sabemos lo que hay. Y los que formamos parte de este entramado solidario sabemos que para pedir una subvención necesitas haber hecho un master en cooperación. Yo misma se lo reproché, medio en broma, al tal señor al mismo tiempo que le decía que por qué no facilitaban las cosas a las ONGs pequeñas. Su respuesta fue que no todo el mundo sirve para la cooperación. No, ni para la dirección de una agencia que tiene de presupuesto 100 millones de euros y que consume más del 50% en su propia gestión. Sencillamente no puedo entenderlo.
Sobre lo del cartel ¿qué voy a decirte? los colores del desierto, del Mediterráneo y Gaudí. A nivel estético no voy a opinar porque no entiendo de diseños ni de logos pero... ¿cuánto habrá costado este cartelito?
Tengo que recordar constantemente el pasaje evangélico de Marta y María, una afanada en la cocina y la otra perfumando los pies de Cristo. Tal vez yo sea de las de la cocina y el humo de los fogones no me deje ver más allá del puchero.
Eran los niños y sus familias los protagonistas, y también las familias acogedoras que ofrecen su tiempo y su hogar para hacer más soportable la vida de estos hijos de la arena. Lo demás...
Ya sé que la acción política es fundamental en toda esta historia y comprendo toda la parafernalia pero hay veces en que me molesta más que otras. Cada cual arrimando el ascua a su sardina... Excepto el delegado del Frente Polisario que estaba allí para eso, para reivindicar la Causa de su Pueblo.
Un abrazo.
Me emociono cada vez que leo tus cosas Antònia, me llegan mucho. El movimiento solidario es difícil y quema, mucha gente se queda en el camino. Quizá poco a poco hay que irse reubicando y haciendo las cosas de las formas que vayamos creyendo que son mejores. Pero la labor de este movimiento es encomiable y muy necesaria, con todos los fallos y errores que se puedan cometer.
El que espera, desespera pero todo llegará, tengo fe, querida Antonia, que algún dia no muy lejano los queridos saharauís vivirán en su país, en libertad. Besotes, M.
He leído muy atentamente tu Post, Antònia, y más si cabe, tu respuesta.. Se entiende perfectamente y duele saber que se cuelgan medallas quienes dicen saber de cooperación.. del corazón, sabéis más, mucho más.. y con hechos lo estáis demostrando...
Muchos besos, Antònia...
Conxawah, sí hay algunos que se quedan por el camino o mejor dicho se apartan discretamente ante ciertas actitudes con las que no pueden comulgar.
Cierto que en conjunto la labor es encomiable, las mismas vacaciones en paz son como un pequeño milagro. Parecen tocadas por la baraka divina.
Estás en mayo y piensas que no podrás encontrar familias y qué que vas a hacer con los niños y si el dinero va a llegar y cómo vas a hacerlo y después hay gente dispuesta a acoger y los fondos aparecen.
Lo mismo que el Bubi que lo cuentas y la gente ajena a este mundillo no puede creerlo.
A mi, particularmente me molestan los burócratas y los "puristas" a los que les importa más la letra que el espiritu.
En una ocasión, llegó una niña adolescente que nadie quiso llevarse por que era "demasiado mayor". Tendría a lo sumo 13 años pero estaba muy desarrollada. Se parecía asombrosamente a Lab y entonces se puso a llorar y yo que no soy de lágrima fácil me puse a llorar con ella hasta que un chico muy joven soltó un taco de los gordos y dijo que por sus... nos la llevábamos. No teníamos familia pero antes de llegar salió una a la que no le importó nada que la niña fuese algo mayor. En una fiesta volví a verla y parecía otra, estaba feliz y la familia encantada de la vida. O la vez que llegó un chico que parecía un hombre, debía tener unos 15 años. Estuvo en casa de unos saharauis unos días hasta que una familia le acogió.
El día de la vuelta se dirigió a mi y como todo un caballero me dió las gracias por todo, su dirección apuntada en un papel y terminó diciendo que su haima era la mía y que si iba a los Campamentos no dejara de visitarles.
En fin miles de anécdotas de este tipo, com mayores y con muy pequeños que también guardo celosamente en "mi caja de los tesoros".
El mundillo solidario no es distinto a otros mundillos: rivalidades, simpatías y antipatías...etc.
Ahmed dice que no todos somos iguales y con esa filosofía pragmática y cierta hay que aceptarlo. Aunque doy las gracias a Dios porque a pesar de los años conservo este fondo de rebeldía y pasión.
Un beso fuerte.
Merche, ojalá y que sea muy pronto. Y ojalá los saharauis no se cansen de esperar porque si los hombres no hablan, de verdad, hablarán las armas.
Un beso.
Selma, a mi no me importan nada las medallas que algunos se cuelgan con razones o sin ellas. Me molesta que estemos allí para reivindicar la libertad del Sahara y que hablen de lo bien que lo hace este partido o este organismo, cuando hace bien poco salió en la prensa el asunto de dietas y a la vez facturas de almuerzos de trabajo por cantidades altas. O que alguien coja 1500 euros de la caja (sin duda para tabaco) y luego se olvide devolverlos (pecata minuta) y con todo el aplomo se suban al estrado y se dediquen a decir que qué bien lo hacen cuando deberían haber dimitido la misma mañana en la que saltó la noticia a los medios por el bien del mismo organismo que dirigen.
Como dice una compañera muy querida: que nos dejen trabajar en paz.
besos.
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