REVISTA SHUKRAN

viernes, 26 de junio de 2009

LLEGAN LOS SAHARAUILLOS








Han sido dos noches intensas, la de la verbena de San Juan y la siguiente, en las que hemos esperado a los pequeños embajadores de la RASD. Esta noche estaremos allí otra vez, Dios mediante, para recibir al resto.

Ayer apareció Lavín el hijo de nuestra amiga Toufa. Este es un niño muy querido en nuestras tierras porque nació en ellas. La luz de Lleida es la primera que percibió al llegar a este mundo. Tuvo suerte ya que su alumbramiento fue en una sala de partos estéril, con los mejores médicos y enfermeras que en los días que estuvo allí con su madre, se dedicaron a pasar por la habitación, con cualquier pretexto, para admirar al precioso bebé de pelo negro, ojos grandes y aterciopelada piel canela. El próximo 10 de julio cumplirá los 8 años.
Recuerdo que fuimos a visitarle con Lab. Toufa sonreía en la cama y el niño dormía en su cuna transparente.
Nos dijo que lo cogiéramos. Como vio que no me atrevía, le agarró por un brazo y me lo tendió:
-Coge, coge.
Casi me dio un ataque al corazón: ¡su cabecita! ¡su brazo! Su madre se reía, no te preocupes, el niño no va a romperse, no es de cristal.
Lab, al ver mi apuro, lanzaba risitas con los ojos bajos, hasta que Toufa le preguntó. Entonces se pusieron a conversar mientras yo no podía dejar de admirar aquella criatura perfecta que acunaba entre mis brazos.
Estuvieron en Lleida hasta el día 1 de noviembre. Les acompañamos al aeropuerto. En el mismo momento en el que la madre pasó la aduana el niño empezó a llorar. Toufa, entre risas y alguna lágrima furtiva nos dijo: no quiere irse, ya veis.
Ayer regresó. Sus ojos nos buscaban entre la fila de voluntarios que les esperaban. En cuanto me reconoció vino directo con la sonrisa puesta y los hoyuelos en las mejillas. Le di un abrazo que era también para su familia y para todos los niños que en estos días vienen con el verano para pasar las vacaciones lejos del desierto.
Su madre se marchó con su hijo y con más de 70 Kg. de leche en polvo. En diciembre fuimos a los Campamentos y ella apareció con el niño escondido debajo de la melfa. Era un día nublado y ventoso. Nos enteramos que, apenas un mes después, no le quedaba ni un gramo de la leche que se había llevado. Tu sabes, me explicó, en la daira hay muchos niños pequeños. Sus madres no tienen nada…
En aquel entonces no sabía, ahora sí lo sé.

8 comentaris:

Pedro Ojeda Escudero. 26 de junio de 2009 11:55  

mil gracias por compartir eso que sí sabes

Merche Pallarés 26 de junio de 2009 19:19  

¡Otra historia tiernísima! Antonia, la verdad, tienes que plasmar todas historias en un libro y, aparte, el de la princesa rusa... Besotes, M.

Selma 27 de junio de 2009 19:50  

¡Cuánta ternura en tus testimonios, Antònia, y cuánto Amor, por los tuyos, porque son tuyos y gracias a tí nuestros también!
Como estos besos cariñosos que dejo para tí y para todos ellos..

Isabel Huete 28 de junio de 2009 00:55  

Presiento su felicidad y la tuya. ¡Qué bien lo sabes expresar!
Sed felices.
Besitos.

Antònia P. 29 de junio de 2009 10:32  

Pedro, el nacimiento de este niño ha sido uno de los momentos que nunca olvidaré.
Un abrazo

Antònia P. 29 de junio de 2009 10:35  

Merche, lo haré. De hecho está medio escrito aunque ahora tengo que recuperarme del cansancio y de otras cosas.
Lo de la princesa rusa ya es harina de otro costal. La gente que sabía su historia casi todos están muertos. No recuerdo ni tan siquiera el nombre. O tal vez sí, a su padre le llamaban señor Lopes o López. Y ella maría, pero no estoy segura.
besos.

Antònia P. 29 de junio de 2009 10:36  

Selma, todos queremos mucho a este niño. Al fin le vimos nacer.
Un beso fuerte

Antònia P. 29 de junio de 2009 10:38  

Isabel, el pobre aún no entiende nada del idioma y corretea por ahí con los ojos como platos.
Sé que va a estar inmejorablemente atendido y que lo va a pasar muy bien con su familia de acogida a la que conoce desde que era un bebé.
Un beso.

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