REVISTA SHUKRAN

lunes, 22 de diciembre de 2008

SHUKRAN, NÚMERO ESPECIAL DEDICADO A LOS DDHH


Tengo una amiga que escribió un libro muy duro sobre la postguerra. Se lo dedicó a su hija de once años para que comprendiera el porqué la historia debe ser contada. Me acordé de esta dedicatoria al leer el editorial del último número de la revista Shukran: No puedo saber ahora lo que pensarán mis hijas cuando lean este número pero tengo la certeza de que no va a ser agradable para ellas. Sin embargo, si no dijésemos a los cuatro vientos lo que sabemos que es cierto, yo no podría mirarles a los ojos. Sentiría que de una manera difícil de explicar las estaba traicionado.
El número 21 está dedicado a la situación de los DDHH en el Sahara Occidental. Relatos duros y, a la vez, muy hermosos. Hablan de valentía, de coraje, de fuerza, de convencimiento. También de crueles realidades que hay que cambiar por el bien del Pueblo Saharaui y por nuestro propio bien.
El haber podido colaborar en este número especial ha sido un privilegio que agradezco especialmente a Francisco.
Si quieres recibir el SHUKRAN basta que envíes un email a shukran_oje@yahoo.es; prometemos no inundarte con publicidad.

LA BANDERA DE HADI

No puedo recordar a mi madre. A veces cierro los ojos y me obligo a evocarla. Sus rasgos se desdibujan en mi mente, otras la veo como si la tuviera delante: en un gesto, en una palabra o en una sonrisa de la abuela.
Nunca olvidaré el día en el que me hice mayor así de repente, sin avisar. Volvía de casa de una prima nuestra, cuando en medio de la calle vi a la abuela llorando sobre la vieja bandeja del té. Estaba abollada, con huellas de pisadas y Fati, la abuela, derramaba lágrimas y se balanceaba adelante y atrás.
La puerta de nuestra casa estaba en el suelo y las habitaciones revueltas, las alfombras sucias y los escasos muebles, rotos.
¿Mamá? ¿Hadi? Corrí como una loca por todas las estancias y mamá no estaba, sólo Amma llorando sola en medio de la calle desierta.
Más tarde me lo contó: la noche cabalgaba hacia el alba. Los ruidos me despertaron. Hombres oscuros con uniformes negros rompiéndolo todo y yo sin saber a dónde ir ni qué hacer. ¿Y mamá? Se la llevaron con su melfa roja. No, mi madre nunca tuvo una melfa de ese color, sí azules, verdes o naranjas con flores blancas pero no rojas. A Hadi no le gustaba ese color. Luego comprendí.
Amma tiene miedo de la noche, nunca duerme demasiadas horas. Reza, no como yo que siempre digo Al-lá es grande. Ella toca el suelo con la frente y dice: si no me la puedes devolver, sácala de mi corazón…
Pero si Dios, en su misericordia, accediera a su ruego, Amma ya no sentiría el corazón o le seguiría doliendo aunque no lo tuviera.
Aquel día me hice mayor ¿os lo he dicho ya? No llores por una bandeja Dadda, vamos a buscar a Hadi. Fue inútil, no apareció nunca más.
Estuve enfadada con ella mucho, mucho tiempo. Por culpa de aquella bandera que cosía se la llevaron, no sabemos a dónde, con su melfa amarilla cubierta de flores de sangre.
Ahora la llevo debajo de mis vestidos, muy cerca del corazón. Ahora ya no estoy furiosa con mi madre ni con la abuela que lloraba sin consuelo por una estúpida bandeja.
- Hadi ¿eres tú, hija mía? – me dice Dadda y yo miento.
- Sí madre, anda tómate el té calentito y dulce, mientras mis manos acarician la bandera que colgaré después por ahí, cuando nadie pueda verme.

Dedicado a todos los niños y niñas, hijos de activistas que han tenido que crecer sin sus padres.

6 comentaris:

Pedro Ojeda Escudero. 22 de diciembre de 2008 16:33  

Esta revista tiene un valor extraordinario.

FAMILIA BARREDA-JAÉN-HAMADA 23 de diciembre de 2008 01:05  

Un relato estremecedor, y bello a la vez. No nos cansaremos de exigir justicia.
Un abrazo

Francisco O. Campillo 23 de diciembre de 2008 11:39  

Amiga Antònia
El verdadero placer es que SHUKRAN pueda contar con tus colaboraciones... y las del resto de ese "equipo" variopinto que estamos creando.

Un fuerte abrazote solidario.

Salondesol 23 de diciembre de 2008 22:34  

Terriblemente estremecedor, se me encoge el corazón... se lo duro que es recordar en estas fechas de reuniones familiares a los que nos dejaron, pero recordar a los que nos fueron arrebatados, no puedo ni imaginarlo.

Un abrazo.

Merche Pallarés 24 de diciembre de 2008 15:57  

Bellísimo relato que te da un puñetazo en todo el corazón. Qué tristeza tanto para la hija como para la madre. Muy, muy emotivo y conmovedor. Shukran, precioso. BONES FESTAS y besotes navideños para los que tenemos la suerte de celebrarlos en paz y en harmonía aunque sea en soledad, M.

Antònia P. 27 de diciembre de 2008 14:14  

PEDRO: ESTAMOS DE ACUERDO

Familia, no nos cansaremos.

Fran, para mi es un privilegio poder colaborar en esta iniciativa.

Salondesol, muy duro. Estas fechas me entristecen un poco más cada año.
No puedo remediarlo.

Merche, esto es el pan de cada día para nuestros amigos saharauis que viven bajo la ocupación. Como lo fue para muchos españoles, no hace tanto tiempo, a pesar de que algunos quieran olvidarlo.
Gracias a todos por vuestros comentarios.

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